(Kamaraten). Ya no será igual ni lo mismo los días que pasen sin la luz de tus ojos. Va a amanecer pero en nada tendrán que ver las jornadas que van desarrollarse sobre Eideen. Tú ya no estás ni estarás sino en un recodo de la eternidad. Los pájaros vuelven volar y a piar contentos la canción de la vida. Nada alumbrará hoy sino un ejército de cadáveres desfilando bajo el sol tristes tonos de descomposición. Tú eras alegría sobre los prados de la tierra eras simpatía. La luz ilumina los vestigios que de ti quedan: una esposa rota y apenada y una lápida funesta y fría. ¿Dónde estará el tesoro de juventud que me acaban de arrancar? En los mármoles nefastos del epitafio que va a concretar tu unión entre lo celeste y terrenal que junta las verjas del cementerio. La fe se remonta esferas adentro y sé que no has muerto que tu alma vive aún y vivirá en los rododendros de la perennidad. Pero ahora con los ojos rojos de aguantar llorar espero la quimera que venga a asolar los prados insignes que florezcan de nuevo el horizonte lejano donde el que ha de arribar más temprano plante la Bandera del Aquí Hemos Llegado. Y soltar amarras en los caminos agrestes que han de dilapidar nuestras horas vividas en el cómputo total de la madre muerte para que nos venga a anillar completos los páramos universales que han de fundir los vórtices de las virtudes y los pecados por los cual transitamos mientras existimos morando Aquí Abajo. No me gusta la hipocresía y tal vez llore por mí Pero sé que te quise y que un jirón de mi alma se ha desgajado al verte prematuramente partir. Fuimos amigos y lo seremos pues en una esquirla de mi corazón te llevo y en mi conocimiento más austero. Sonrío pero las lágrimas me vienen a asediar pues no morirán aquellos momentos si ahora te llevo vivo. Mas no quiero engañarme ¡el infierno y la deidad podían esperar! Pues tu descendencia se remueve inmisericorde en las sombras de lo irreal. No lo puedo creer. El astro gime ayer llegaste y en las escalinatas de lo inmortal te postras desolado pero contento al ver que dentro de ti la vida continúa hacia quién sabe dónde vayan los muertos. Amigo mío espéranos pues uno a uno todos iremos llegando. Sonrío de nuevo… cuánto pesar… en las piedras del suelo está nuestra ceniza y en lo invisible nadando lo que amamos ¡no es posible que todo se reduzca a polvo si llevamos dentro nuestro el amor! Este poema morirá pero no tú que debes avanzar hacia la lontananza apartada y gritar para que te oigamos ¡Venid el camino tenebroso está libre y despejado ¡Hasta Aquí He Llegado!

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Ahí va eso (no me extraña que me decapitaran en su día)

(Centro gravitatorio). Caed al abismo hermanos caed a nuestros pies sólo hay barranco en canal abierto para que en aquel día podamos resurgir de nuevo tras nuestras cenizas para resucitar lo que se ha quedado abajo prendado en el lindar del vacío ¡Qué caed, lanzadse! De lleno a lo que mora apenas tras nuestros pasos pues tomaremos impulso para orbitar en el infierno rescatando todo lo nuestro. En los vórtices de la desmemoria los pájaros trinan: es vuestra especie vuestro origen vosotros venís de ahí. Y en los maremagnos cárnicos de condenas insalubres rebrotará la esperanza que ha de llevarnos más allá pues sino las salvaderas se hundirán con todo dentro. En los amagos de lo eterno hicieron obviar ante los ojos que nuestra genealogía se dispara varas arriba recogiendo los arbustos y los árboles podridos que llegaron a consentir los átomos lectivos que nos conforman. Mas habrá que bajar a por ellos y redimir la pestilencia final para que los abuelotes malsanos puedan transitar y que no estiren nuestra alma y piel para siempre jamás. Caed hermanos tiraos al pozo porque si no las alas de la misericordia se precipitarán al averno quemando las plumas para que no resurjan jamás aprisionadas por manos de repelentes ascendientes que sabían hablar y fornicar a nuestras sumisas abuelas. Yo vengo de ahí ¡lo reconozco! ¿Hay muchos? ¿Cuántos lunares me adornan? Agujereado mi cerebro Mi espíritu es impuro y sólo queda hollar la tierra del paraíso cayendo sin más hasta que pueda planear más allá de Plutón con toda mi sangre purificada y que mi siniestra familia pague por los crímenes cometidos convirtiéndose en zombis vagabundos mientras yo con una florida vara les dirijo, hacia la conclusión del universo, aplanando el firmamento, limpios, preparándolos para ser estrellas.

(Esperanza para todos). Los cántaros se han esparcido por el suelo derramando canciones que se han desperdigado por el aire atravesando páramos agrestes para llegar a las orejas de toda la humanidad. Los átomos perlados con mágicas sinfonías han desplegado en el éter notas aureoladas con las señales de la eternidad. Los rumbos a seguir se visten de melodías galvanizadas de instrumentos que tocan temas de amor y paz Mas tonos de guerra atesoran la vastedad pidiendo paso ante una muchedumbre desencantada. Y el hombre sediento de cósmica inmunidad aguarda en los níveos picachos más elevados la palabra que ha de sonar repleta de tintes de esperanza esperanza. Demasiado jóvenes los profetas mueren bajo los pies que apisonan las certezas de que todo se puede aupar más allá y su voz queda colada a ceniza macabra. Allende las expectaciones y las buena nuevas el hombre espera. Esperanza para todos y chilla que le han robado en la madrugada la mañana por otros despiadados sin igual. Esperanza para todos ¿cuándo se desenlatará? ¿o ya dará igual la bienaventuranza cuando designios de cristal se hagan pedazos bajo la noche helada? Como sea esperanza para todos y que las sombras negras se disipen en la lontananza plastificada mientras los espectros siniestros agarran a aquellos que impiden a los demás tener esperanza.

(A la memoria de Pavese y de todos vosotros). Una noche más la línea del horizonte os sepultará como pesadas tumbas sin vida. ¿Acaso la esperanza llama a las pupilas cuando vuestros párpados se arreprietan antes de que la madrugada sesgue la mañana? Esos ojos cuyo reflejo emana la muerte en las penumbras ocultas cuando el alba abre las pestañas en el delirio nefasto aliento de vuestras almas en las aguas remotas de la inconsciencia. ¿Creéis que la luz solar os pertenece? ¿A qué se debe que tome forma el día ante allende el parpadear? Tan sólo la pesadilla es vuestra mas que no la veáis os perseguirá hasta las puertas del Gran Despertar. Si es que despertáis.

Voy a quemar los poemas que te dediqué. En una pira mausoleo de horror colocaré los infaustos versos de amor y desamor. Herido en el parque glasificado de innombrables desesperos aguardo la señal de los tiempos para echar a arder los momentos que acunaron nuestra relación cuando nos amamos. Y en los lindes de las distancias ramificadas de desamparos colocaré el vórtice en el listón de los condenados que estallaron queriendo ideales que se habrían de romper contra los cristales del desaliento. Pero en los límites del horizonte cuando todo es posible revientan los estados obsoletos al morir los enamorados. ¿Qué es del amor cuando expira? ¿Qué es de Él? En las níveas venturas de ultratumba esperan limos cartilaginosos que desarrollan rumbo alturas profundas lo que no se anilló en la atmósfera. El hálito demacrado de nuestro cariño anhela en los quebrados de la fe la aureola para que todo sea otra vez… mas nunca fue. Hay un nicho que me espera silente en las garras de la defunción Cuando todo calle de nuevo amarrarse a tu fantasma expectante y estrangularlo por el cuello hasta que me devuelvas la porción de cielo de mi corazón desgajado que pisoteaste, Silvia.

Sumergí mis pupilas dilatadas en pernicioso ácido nitroso Aniquilé iracundo mis sueños más esplendorosos Me arranqué chillando las venas del núcleo sensor Y todo para olvidar aquella cara que habría de volverme loco. En los lindes del desarraigo paseo mirando al suelo No quiero levantar los ojos y ver en las nubes tu rostro. Llueve. El cieno embarga mis pasos Nada asen mis manos sino corruptos cigarros Y en los insondables barrancos del desorden me despeño desconsolado… mi mente extasiada puja por apagarse en un lugar donde no estarás tú jamás: dentro mí, Silvia.

Poema ultramarino

Y tú siempre serás allí con tu túnica impoluta y tu faz suave con tus ojos hermosos esperándome. Mas sólo soplará el viento de la desesperanza llevándose aquellos recuerdos que ahora hieren sumiendo en el silencio la paz tormentosa cuando te pienso y nada más que responde el eco. En el abril de las muertes cuando todo se desmorona amaré en quietud tu figura que ya se derroca ante mi corazón vencido que clama exasperado: no será morir el principio de nuestro amor sino que alejándome de ti hallaré al fin tus manos que se estirarán contrariadas por tocar las yemas dactilares que te tanto te tenían que contornar… ni te rozaré siquiera… derramarás lágrimas… tantas… que anegarán las brechas abisales para terminarme de ahogar, Silvia.