Continuamos en la brecha…

(Podríamos inventarnos o Poema que deshace el viento). Podríamos inventarnos el amor cada mañana cuando surja el sol despertar de las sombras y encarrilar los caminos que llevan a la conclusión de tus besos. Arañando tu torso desnudo descubrí nuevas sendas que llevaban a lo alto de las paradas sin túnicas de tu voz como oleaje que me buscaba y buscaba en los acantilados del cariño concretando de una vez los vestigios que unían de una vez tus labios con mis labios, deseando fusionar el gemelo en el igual de tus procelosos senos como cúspides de tu rostro torneado con la majestad de la sonrisa sin par que habría de encandilar a mi corazón enamorado de la brisa de tu faz anhelante. Y la poesía seguirá su rumbo despertando en los interiores la verdad que gime ataviada de nervios y tendones la cara aquella que quiero amar y rozar con mis dedos la tormenta que supura en las venas la sangre que hierve en un abismo de aventura. Soñando con el presente despojé de ropa los silentes barrancos que suspiraban por tu nombre. Postrado con tan sólo aire entre mis manos hilvano una esperanza pasajera mesar de nuevo tu cabello y aunque sea por un instante me digas: te quiero.

(Podríamos inventarnos o Poema que deshace el viento). Podríamos inventarnos el amor cada mañana cuando surja el sol despertar de las sombras y encarrilar los caminos que llevan a la conclusión de tus besos. Arañando tu torso desnudo descubrí nuevas sendas que llevaban a lo alto de las paradas sin túnicas de tu voz como oleaje que me buscaba y buscaba en los acantilados del cariño concretando de una vez los vestigios que unían de una vez tus labios con mis labios, deseando fusionar el gemelo en el igual de tus procelosos senos como cúspides de tu rostro torneado con la majestad de la sonrisa sin par que habría de encandilar a mi corazón enamorado de la brisa de tu faz anhelante. Y la poesía seguirá su rumbo despertando en los interiores la verdad que gime ataviada de nervios y tendones la cara aquella que quiero amar y rozar con mis dedos la tormenta que supura en las venas la sangre que hierve en un abismo de aventura. Soñando con el presente despojé de ropa los silentes barrancos que suspiraban por tu nombre. Postrado con tan sólo aire entre mis manos hilvano una esperanza pasajera mesar de nuevo tu cabello y aunque sea por un instante me digas: te quiero.

(Podríamos inventarnos o Poema que deshace el viento). Podríamos inventarnos el amor cada mañana cuando surja el sol despertar de las sombras y encarrilar los caminos que llevan a la conclusión de tus besos. Arañando tu torso desnudo descubrí nuevas sendas que llevaban a lo alto de las paradas sin túnicas de tu voz como oleaje que me buscaba y buscaba en los acantilados del cariño concretando de una vez los vestigios que unían de una vez tus labios con mis labios, deseando fusionar el gemelo en el igual de tus procelosos senos como cúspides de tu rostro torneado con la majestad de la sonrisa sin par que habría de encandilar a mi corazón enamorado de la brisa de tu faz anhelante. Y la poesía seguirá su rumbo despertando en los interiores la verdad que gime ataviada de nervios y tendones la cara aquella que quiero amar y rozar con mis dedos la tormenta que supura en las venas la sangre que hierve en un abismo de aventura. Soñando con el presente despojé de ropa los silentes barrancos que suspiraban por tu nombre. Postrado con tan sólo aire entre mis manos hilvano una esperanza pasajera mesar de nuevo tu cabello y aunque sea por un instante me digas: te quiero.

(Podríamos inventarnos o Poema que deshace el viento). Podríamos inventarnos el amor cada mañana cuando surja el sol despertar de las sombras y encarrilar los caminos que llevan a la conclusión de tus besos. Arañando tu torso desnudo descubrí nuevas sendas que llevaban a lo alto de las paradas sin túnicas de tu voz como oleaje que me buscaba y buscaba en los acantilados del cariño concretando de una vez los vestigios que unían de una vez tus labios con mis labios, deseando fusionar el gemelo en el igual de tus procelosos senos como cúspides de tu rostro torneado con la majestad de la sonrisa sin par que habría de encandilar a mi corazón enamorado de la brisa de tu faz anhelante. Y la poesía seguirá su rumbo despertando en los interiores la verdad que gime ataviada de nervios y tendones la cara aquella que quiero amar y rozar con mis dedos la tormenta que supura en las venas la sangre que hierve en un abismo de aventura. Soñando con el presente despojé de ropa los silentes barrancos que suspiraban por tu nombre. Postrado con tan sólo aire entre mis manos hilvano una esperanza pasajera mesar de nuevo tu cabello y aunque sea por un instante me digas: te quiero.

(Podríamos inventarnos o Poema que deshace el viento). Podríamos inventarnos el amor cada mañana cuando surja el sol despertar de las sombras y encarrilar los caminos que llevan a la conclusión de tus besos. Arañando tu torso desnudo descubrí nuevas sendas que llevaban a lo alto de las paradas sin túnicas de tu voz como oleaje que me buscaba y buscaba en los acantilados del cariño concretando de una vez los vestigios que unían de una vez tus labios con mis labios, deseando fusionar el gemelo en el igual de tus procelosos senos como cúspides de tu rostro torneado con la majestad de la sonrisa sin par que habría de encandilar a mi corazón enamorado de la brisa de tu faz anhelante. Y la poesía seguirá su rumbo despertando en los interiores la verdad que gime ataviada de nervios y tendones la cara aquella que quiero amar y rozar con mis dedos la tormenta que supura en las venas la sangre que hierve en un abismo de aventura. Soñando con el presente despojé de ropa los silentes barrancos que suspiraban por tu nombre. Postrado con tan sólo aire entre mis manos hilvano una esperanza pasajera mesar de nuevo tu cabello y aunque sea por un instante me digas: te quiero.

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En los arraigos prematuros del alma a los mundos imaginarios que impelen las corrientes fantásticas a ser después de allende de los muros que imponen al hombre una pared impenetrable. Y los báculos oscilan entre pelambreras que originan vacuas despedidas en lo que pendula entre lo eterno y la tierra. Y oscilan dúctiles quimeras en las estratosferas que imperan en las sierras donde lo promiscuo desidera más carne de lo que uñas acaparan para sí en el limo de la espera. Y se angostan los caminos iluminando fatuas avenidas rumbo el sino de concurridas disciplencias que aúnan tras de sí las cáscaras advenidas de fatídicos destinos que no hallan mas que tumbas a lo largo de la senda que encamina redenciones fálicas en los chatos de vino que sumergen las esperanzas en alcoholes prohibidos por la naturaleza y que se ingieren trago tras trago senda la tristeza. Y en los amagos de la divinidad se balancean las verdades del creer o no en algo y tener fe al menos en lo que se hace es de provecho sin desperdiciar cada momento que se va a la pira del engaño en la lar de descreencias para sumergir la verdad en ácido onírico y nada más. En los peldaños a lo excelso se enturbiaron los túmulos y había que descender a los infiernos para dotar de veracidad al paso por lo mortal indicando que cada paso contaba en la ascensión a lo subliminal del cuento. En cada ósculo de vino hallo la sinrazón que me ha de llevar soterrando mis expectaciones a lo alto y que una vez allí grite espantando todos los fantasmas… o que se vuelvan en mi contra.