En el albur de la noche el resuello de la infancia me llega desvencijado. He amado tanto. ¿Para qué? Si en la alacena marchita sólo me aguardan recuerdos de cristal que se quiebran bajo la oscura helada de las lágrimas. Apolonio Guillian de “Notas suicidas”.

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También tú verás sombras

(También tú verás sombras).  Escampadas por ahí vagan siniestras Ellas que adormecen lo que bajo el sol acontece en epítetos de horrosura. En el cilicio onírico campan siniestralidades a manojos sinusoidales esperando la oportunidad bajo telas de asfalto de penetrar en la atmósfera del que esta soñando. En los garfios del amanecer la mañana dentada reposa bajo macabras promesas el alborear de los tiempos en que se ha de mostrar todo esto. También tú verás sombras. El perejil aliñado con ponzoñas y estaños en los estrados en que pesadillescas formas buscan completar su reinado. Pero en las uñas mal cortadas desfiladero adentro surge un manifiesto oscuro como el cianuro que perfila los hilos que tejen y devanan las marionetas que expiran bajo la noche helada. Una visión se retrasa y queda prendada en la tela de araña que hilvana mefíticas profecías que se ensañan con el aura del que respira. También tú verás sombras. Se prenden macilentas transformaciones y amarrado a la maroma del barco fantasma se aventura mar y negrura rumbo lo ominoso y descalabrado que puede ser el cuento cuando marea adentro ves los rostros deformes de aquellos que te esperan y te angustian con terríficas alucinaciones. Mas allí en los altos del camino cuando nos dirigimos al abismo vemos postrados a Ellas que miran asustadas la tierna canica que inspira las razones por las que seguir senda hacia el infierno de nuestros sentidos que despiertan en el susto preternatural de verse atrapados por momentos en las garras de un mal tan impío como virginal. También tú verás sombras. Yo impreco a la altitud cuando me despeño espalda rumbo el picacho que Ellas sean a mi vera para enseñar a las planicies etéreas que ellas contornean todo lo que me esfera. También tú verás sombras. Y las verás de cara cuando caiga la cortina que el sol ilumina tras tus párpados que se cerrarán por siempre jamás mientas te amarra el halo de la malignidad prehumana que te ata con lazos de verdad. También tú verás sombras. Porque sino ¿qué será de Ellas si no las arrastras? ¿Acaso morirán en un erial no inmaculado? En los vórtices de planetario algo sufre y te anhela Tiéndele la mano Ya que si eso no es contigo morirás incompleto en la penuria alceste de tener que repetir nuevamente tu vida como si tus sueños nunca hubiere existido la luz más excelsa que proyecta cerrazones sobre todo lo que tú eres y si ahora no las veis es que la ceguedad empaña el cristal manchado del prisma que sustenta tu reflejo en el irradiar de tus ensoñaciones. Estoy tranquilo. No soy el único. También tú verás sombras.

He vendido en los ultramarinos del azar sinrazones que abocasen el albedrío al destino en forjas constituidas por lupanares que desterrasen los días impares en que los garbanzos salieren como garzas de las de las esperanzas residuales. Abotonado he las comisuras terrenales en los bordes nasales que estiraban triviales ratones en el pase decomiso a las fosas lunares. Almendrado los estiramientos en casamientos singulares aporté nuevos disparares a las letras glaciares que cercenáronme el gaznate. Ya me cuesta respirar y el consuelo rubio no hace sino ahogar los melindros sin igual de mi cuello por tasar en la guillotina bipolar de los desastres. He puesto circunferencias encarnadas en las prohibiciones de las aceras cuando vetan la libertad para escribir y hacer lo que a uno le dé la gana siempre que no salga por la vereda antimoral verdadera. En los cordones de la fe maniaté discordias parecidas pero desiguales y borracho de granito garabateé los dibujos en los albrujos de las rayuelas con lentejuelas que variaban según los niños. El despropósito es sin par dar a conocer lo que escribo para que todos puedan gozar de los desvaríos varios de este poeta cuya locura está por atar. Pero en las rosas galvanizadas de censura hordas de éstas amarraban lo que  por mi pluma se venia viniendo a escapar. Hace lustros que juré que no esgrimiría mas viendo el pesar que me invade lo haré una vez más: en los topolinos del sueño me prometieron otra vida sólo tenía que aguantar y viéndome grafiar más sólo habré de dar pena: que en las vasijas de poesía se escancien mis letras lejos de los “poetas” que publican como si la verdad se les fuera en la tinta que es su sangre filtrada para agradar a los que los lean. Y yo solo y denostado con un portátil desvencijado planto cara a todo con la única recompensa de tener en mis glóbulos rojos la autenticidad de ser un poeta único y auténtico. Me estoy muriendo: en los recitales “plas plas plas”.

(Apolo X to Apolo X+1). Más de lo mismo antes de que salga el Sol. Tranquilas sombras de la Tierra que los pensamientos de Terror humanos no contaminarán de espectros la mágica y sublime Atmósfera. Etérea permanecerá limpia mientras el Sueño del Hombre engulle los restos de pútridas pesadillas para que no contaminen el Aire que desprende la Cabeza llena de Poesía ¿cuándo se desparramará para anegar lo inmenso? ¿Qué día será? Veo un Niño soportando el peso de las ciudades bajo los Cósmicos surcos de Auras desconocidas regentadas por corrientes estelares allí donde las Cosas Hablan ¡Oh escuchad al infante de divina partitura! y que sea su palabra la que perdure y no la mía.

(Bah). En el estertor de las aureolas implosionaron vastos vestigios armados con calcetines endiablados en el ensordecedor badajo de los clichés boca abajo en los remiendos que auscultaban la madurez del hombre por entrar en la puerta que habría de llegar a las compuertas a lo mejor del más allá de los tejados y las farolas con antenas protegidas por turbas de melenas que enturbian el pase quizá. Se nota que este poema está hecho por hacer. En las grietas de sabias montañas dilapidaron los surtidores por los que manaban cabras inarticuladas en cuyos cuernos oscilaban las mandrágoras puestas ahí para calentar las fibras tumultuosas que pusieren cachondo al personal. En los zócalos del viento comunas iridiscentes chocan constantemente en la brevedad eónica de los siluros que entumecen brotes de frijoles en la seducción innata de los arrabales que tientan con bromuro el éxodo fino del ácido pantoténico servido con semillas de hidrocarburo. Ya está bien. En la noche prístina pero cabreada se alza el malecón donde se columpian magdalenas de discordia en el ajuar  de los años ventilados por pusilánimes estados que vetan conocer las palabrejas que no saben decir los humanos. Avistada la rompiente donde se precipitan prójimos a la veta sellar la ruptura con masa capilar que estire a cada momento el cenit obnuvilar de los cuentos de ogros… y que al traspasar el umbral los abra otra vez… porque la tinta no hace nada sino enturbiar la alacena de mierda para que quien la toque se desplome hacia el abismo por listo. He jurado demasiadas veces que no escribiría más: pero allá va otro poema dispuesto a morar en la pira funeraria de los anatemas sin más ni más.

Dime… dime que tú flotaras sobre el azur de los muertos!! Que imperarás mayestática en la ciénaga mortal cuando todo se reduzca a picadura carnal condenada a perecer en una masa corporal junto con los crímenes de nuestros antepasados!! ¡¡Dime que vendrás ¡que volverás a casa! que te arroparás en la cuna y seguirás soñando como si nada!!

Apolonio Guillian de “Notas suicidas”.