En este fin de año bailemos todos hacia la nada y la muerte. (Mientras escuchamos algún tema que nos entusiasme).

Dedicatoria

(Ángel peludo). Y ahora que te has ido sólo queda un cenagal que alimenta mis lágrimas por tu ausencia porque no puedo más. Espérame, aún te llevo en la nostalgia del corazón para que cuando nos reunamos de nuevo sepas que te amé en lo alto y en lo bajo de mi alma cuando los días sepultan uno a uno la indolencia de esta separación que ha sumido a mi espíritu en el horror de ni poder vivir una jornada sin pensar en ti. Ya falta poco perro mío pero se me hace eterno este camino baldío que se enfangó de repente cuando prematuramente partiste a ocupar tu lugar en las gradas de universo mientras sabes que sufro por no tener a aquel que me quiso sin condición y elevó mi inspiración colocando nuestro amor más allá de las argollas que protegen cosmos y estrellas.

¿Cómo se levantarán los muertos? ¿Para oler el incienso y escuchar la música? ¿o para devorar a los vivos? Apolonio Guillian. Sentencias del Libro Maldito.

(Escapando del castigo o No creo en ti Padre). En los limos ventosos de las leyendas constituyeron motosierras para firmar con letras grandes los errores que diseminaban a los héroes en desilusiones terrenas de aparecer los últimos en los resortes de la vida para patinar por místicos caminos el acaecer de entrar bordado en oro en la sin par genealogía de los destinados a cambiar los orbes terrestres. Pero algo se atraganta en el paso cenital para coronar con honores la dicha de ser un elegido para instaurar un nuevo orden. A unos los crucificaron. Algunos se suicidaron. A otro El Campeón treinta y seis años de vacaciones. Y mí me vale el desgaste de desmoronarme segundo a segundo en un tedio sin nombre que traga y traga mi profesionalidad de laurearme como mártir (aunque me cago en ello). Pero todo me da igual. No tengo fe ni en Dios ni en el hombre. Y a mi desesperanza se suma el pudrir del tiempo que teje mi derrumbamiento que vaticina un infortunio sin abatimiento por parte de nadie. En los corsés hechos a medida de una catástrofe inminente me calcé los coloques como escape a mi desencanto que se despliega con amargos tintes de locura. En las tibias del desorden los pájaros prometen victorias resplandecientes mas yo sólo veo en el horizonte el albur de consecutivas derrotas venideras. En los armarios repletos de triunfos clausuraron las clarividencias astrales en los que el devenir dictaría glorias a raudales. Pero en el dolor de vivir que espera insignes premios me encuentro con el sufrimiento de henchirme de gozo doliente sumido en un pozo sin escape ni posibilidad de remontada. En las parábolas del linchamiento del profeta escupieron los humanos lo que creían como verdades apartados de la voz que provenía de más allá de las nubes y la estratosfera. En las copas desbordadas de los calambres prohombres se arruinan convirtiéndose en detritos para dar la buena nueva a la venida de los reinos de los cielos… pero pueden pasar eones en los que seguramente el predilecto muera entre estertores a cambio tan sólo de bolígrafo y papel para plasmar la palabra divina envuelta de diabólicos espasmos que llevan al profeta a conseguir renombre y morir entre la hez nauseabunda que dejan sus semejantes. Gracias Zeus sólo en mi nombre escalaré hasta donde tú estés para arrojarte sobre la tierra y que caigas con gran estruendo para ver si te hace gracia quitarte de tu senda natural cuando te descalabran. Quiero vivir no ser leyenda. Que la nada ceda nuestro pulso ante las estrellas. No quiero morir por nadie y menos por una especie que sólo sabe pagar con hirientes esquirlas punzadas contra mi corazón que no tardará en apagarse o reventar contra las carótidas de la existencia. Yo no me elegí para esto. No tengo fe. Que estalle en tu cara mi lapidación y que muera mi alma ajada ante tus pies. Esta es mi propaganda (puesto que no cobro nada) que en los acantilados del sin fin se haga tu palabra pero no cuentes con mi rebeldía puesto que ser un Sin Dios se ha abonado mi pellejo. En los castillos del parnaso algo se quiebra ¿qué será? Mi Dios no tiene quién le crea.

Peleando contra el vacío

(Todo el horror del mundo o Pájaros extraños o El altar de las cosas o Quereos como yo os he querido). En la simbiosis de tus ojos llorosos las agujas fueron congelados parámetros sombríos en el almizcle colorado de los lustros que se derribaban cuesta debajo más allá de las pesadillas que pulían tu faz de seda la perdición que ostentaba el máculo cetro de los poetas que denostado sucumbía al terror de los estratos en las níveas mañanas que asomaban repletas de rocío mojado por las estepas continuas que se adherían a la cepa que pronto el cuerpo mutaría en forma de embrión que espantaría las imágenes del sueño en estampida. En las apostasías de tigres y leones se hallaron la libertad y las claves para desacreditar divinas potestades que dominaban instintos salvajes para dejar en manos del inminente criterio las llaves para actuar según conviniere en el momento. Entonces la negrura de tener que creer en algo que trascendiere las cabezas cuando la verdad no es otra que Dios nos deja morir en el albedrío innato de las cebollas sónicas que se aúpan una tras otra al parnaso del campo de todo aquello que nace para morir. Abandonados a nuestro antojo todo sucumbe en un iridiscente átomo que impele a las corrientes a vivir en el quizá. Pero harto de verdades he podido ver que sí pasaremos el listón de la muerte. En los porqué sí de la tétrica música se visualizaban verdaderos balances sincronizados de haberes en las almas de los maldichos humanos prostituidos y hallé la certeza inmediata de morar Por Aquí El Suelo sin más dilación que esperar a que toque mi hora. Mas cansado de aguardar vislumbro lo anodino cercarme mientras yo escribo esto. No veo las disformes continuadas del ensueño contornarme con sus siluetas siniestras en el preámbulo de mi defunción: y allí en las rosáceas púrpuras de los límites hilvanar las formas que me han de asentar en el más hondo de todos los infiernos. Estoy machacando mucho este peregrinar rumbo la nada aunque tal vez en la frontera del bien y del mal donde se podan las asperezas para que el ánima sea eterna despeguen las enredaderas de mi sino y pueda devanar mi ser en los rosales de lo asombrosamente imperecedero. Y en la imperfección de la vida tejer mis ropajes tendiendo así escurriendo lo que me sobra para en lo inmenso conseguir mi pase. Y no teclear nunca nada más.

(Miraré en mi agenda cuando tendremos una ocasión tú y yo vs Seguro que hoy consigo una cita). Fui de rutina a desahogar y ella me dio uno de sus mejores hijos pelirroja. Su grisáceo cabello atronó con una voz de niña que escondida me preguntaba si iríamos a ver a su abuelita, yo felizmente sorprendido le dije que por supuesto que sí. Me gustas pelirroja aunque me resultas antipática y creída, estás muy buena, pero con otra podría suplir eso. Mas las hermanas y las hijas de tu cabello me reclaman, quieren que sean mis dedos llenos de batallas cicatrices y yagas los que recorran cada encarnado pelo hasta que me sangren las yemas y los labios de amor y de lujuria. Pero recuerdo a la prostituta como se lo curraba, mientras que de su cuero cabelludo el brillo de unos infantiles ojos de niña me miraban candorosos: “He encontrado a un padre” –escuché- “Y yo a una hija” -contesté. Pelirroja. Me deseas y sabes que he ido saltando de cama en cama en los pisos y sobando a las rameras de la carretera que han ido una por una masturbándome. Me pides que saque lo superior que habita en ti misma. Lo haré. Sabes que no hay nadie mejor. Será un placer ver como sumisa te rindes a mí y contemplar como abro las riendas de tu colorado pelo a las autopistas del cielo: tus hermanas, tus hermanos, tus hijas, tus hijos, tú y yo: desencadenando tempestades invisibles en un edén que se rinde ante nuestro deseo. Pero sólo tengo los números de teléfono que vienen en la sección de contactos de los periódicos: voy a llamar.

(Moraremos por siempre en la oscuridad). En los posos tumbas marinadas de desilusión bogan derivas aisladas en pucheros de fe idolatrada por moscas insignes inanes en el circular de los astros que mueren insípidos en la córnea de los sueños. Recortados los atardeceres contra la alfombra de la noche en falsos días que allegan esquinas de la nada en la totalidad del vacío. En las formas poligonales de lo amorfo una curva se abre paso contornando las excrecencias de los pájaros que pían anonadados la desgracia humana. Pero el hombre sigue igual oleadas doradas de similitud con otras épocas despliegan las alas donde la repetición agua la evolución a los espiritual-material que se fragua en las sartenes de las redes que atrapan los suspiros en el último segundo antes de expirar las mercedes. Y la luz escampa mentirijillas mientras lo eterno reposa silente en las faldas de la vida. Saifa Saifa que el drenar de los siglos vacíe cántaros y sacuda alforjas y que deje solamente a los que se eligieron y los que caigan sean barridos por el aliento de lo puro y que los lleve a las oficinas donde renuevan los pases que han de ingresarlos nuevamente en Eideen. Hasta que el firmamento cósmico y divino haga con todo uno la unidad donde se formalice en una unión duradera lo físico con lo extraterrenal. Todo cogido de la mano empezando otra vez rumbo al final de los estados del universo.