Pero la cuerda oscila al vaivén de tu sombra en la negrura que se proyecta contra la pared tu cuello tu suspiro ahogado cortado engullido por ti ante el aire que te observa morir. Prívate la respiración exhala tu deseo atrapado en las formas de ella. Rodéala el cabello trinado de pájaros y ángeles con égida nubes brillantes a su paso abierto por encarnecidos pasillos en los plúmbeos adoquines de Celestia. Pero tú atrapado en la espiral del Laberinto de cáñamo has amado demasiado tú ya no puedes volver atrás has vuelto a las tinieblas de la hierba que mira al sol con esperanza, has vuelto a empezar. Y yo te arrastraré hasta que caiga.

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Chisporroteo crepuscular en la hora crepitante de los fantasmas cuando el orgasmo agónico separa los pendulares segundos estirados hasta el extremo en la intersección de las alondras psicotrópicas. Pero el alma degollada ante el carnoso pezón erizado se ahoga sin saborear los labios salinos rosa contra rosa húmedo comulgando con húmedo. Sin perderse en la jungla enredada de púbicas verdades. El navío de los locos se hunde sin llegar. El mástil astillado y sin velas no enarbola la bandera y tierra firme es estrellarse contra un atolón perdido en el mar de los cuerpos para que se hundan los dos, sin tocarse.

La deística materia conglomera los rasgos de partículas que proliferan en la Atmósfera, miel de mil pezones burbujas de rostros de mujeres, canto del ruiseñor en la celda de la cama. Perfidia rizada en la llanura de tortugas bisiestas oh luz cegadora de cristales hundidos en lo profundo del sueño, delirio de cuchillos en la vorágine de agujas de pesadilla: todo será tuyo.

En las zarzas rellenas de cráneos de araña en el nudo asesino de la infancia poblada de botes de vidrio; crece no obstante la esperanza remota de que todo lo muerto revivirá. Pero el exterminio cruel insecticida en el alud en lo alto del campanario de la hoja de morera silba: por encima de tu cabeza ha de retornar todo lo que has matado, niño. Holocausto de inocencia.

Surca mi mano la pradera virgen en la copa eclosionada blancas hojas verdor nudoso en los ojos que me miran desde las ramas. La mirada de los árboles cara siniestra que sonríe con simpatía mi paso pese al dolor que emana de los nervios que se agarran a la tierra poderosa capaz de crear la vida que nos rodea. Yo he visto la faz de los árboles los rostros de la montaña yo he visto amanecer con los ojos cerrados. Yo he visto en el aire el futuro el presente y el pasado. Te vi venir hacia mí para devorarme. Pero no te maté (ya estabas muerto) dejé a la tierra que te reciclase. Después viniste para reclamar a tu mujer agónico crepúsculo tubular no habías aprendido nada.

No me preguntes por qué hoy te vuelvo a amar. Bailaré contigo hasta la desintegración de mis huesos abrazado a la distancia que separa nuestros sentimientos heridos de deseo en la fundición celeste de nuestro dolor aureolado por la excelsitud de la agonía de nuestros hambrientos labios. Hoy moriré y me sepultaré bajo tierra tus lágrimas hollarán el suelo buscándome intentando abrir mis párpados. (Porqué sólo mis ojos pueden crear estrellas a tu alrededor).

Veis la piedra asomar ante vosotros que os mira al pasar pero no la consideráis oh Inicio empujado por Ellas a conformar los polos achatados por la fuerza primegenia oh Ellas nos han aplanado los caminos allanado el terreno para que podamos mear deglutir y excretar y negáis su vida consideráis su divinidad inerte relegadas a la modelación de cuanto os antoja. No conocéis la misión de Ellas oh gracias oh piedras corazón latente del Origen, hipócritas hechos de polvo aplastados por los gramos de lágrimas del científico gusano mientras la grandeza despunta en la montaña que saluda al universo. Un día más otro ya no estaréis. Aquellos que vean a las piedras sonreir vivirán. El resto tendrá que devolver lo tomado.