(El poema sin ton ni son o El poema que no va a ningún lado). En los altos de la senda he perdido el rumbo. Mis versos se deslizan tenues en líneas candentes que ni pretenden ser oyentes de los desastres que nos aguardan al traspasar el límite de la muerte. He fusilado mis desamores en renglones trasparentes en noches adyacentes al vacío silente que roe los lindes de la cama que atrapa una tras otra pesadilla en la red celeste de las sábanas manchadas de sudores. Aspirando la tenebrosidad de los repliegues pienso en retirarme para siempre para dejar mis párrafos oscilando en un tormentoso descanso en medio de los abismos pendulantes prontos a caer en un silencioso tormento que dulcificará mis momentos de tinta esparcida y desparramada sobre folios genocidas. Escapado en las aristas de la desmemoria sucumbo a la guerra y esgarro la poesía para plasmar sobre hojas inmaculadas mi verdad que ya muere en el olvido con la soledad vencida y caducada sobre una pira de fuego encendida ante un altar con las corona de laurel seca y podrida.

(La tumba de las estrellas o Cementerio de mujeres o El infierno de las féminas). Las arañas han campado alegres esta mañana por el prado portando alegremente a sus hijas alimentándose de lo necesario para llevar la camada adelante. En la luz que irradian los árboles se ha aposentado el reguero de las hormigas invadiendo tal estado morando en el tronco sin quejas arbóreas ni los arbustos que aguantan la procesión incesante en las vértebras de la razón de por qué aguantar tal desparrame constante de decisión. Todo se sostiene con todo. Y las protestas vienen del espécimen que acapara tirando la totalidad hacia la casa. Las estrellas surcan los páramos abiertas en canal silentes en los vacíos del universo y recorren tras su muerte insignes trayectos que desposan los huecos de punta a punta del firmamento. Cementerios de malas mujeres se escampan en los setos de la galaxia sembrando anaqueles en el dosel de los cometas que atraviesan todas las extensiones del cielo sobre Eideen. En los espacios siderales se amagan en cuevas las acciones que tiran para atrás o para adelante los hechos pecaminosos del atentar contra el Espíritu Sagrado de lo poco que le queda al hombre para despertar volando allende la corteza terráquea. En los mangos del Cosmos se asen disparates que van lentamente entrando en vereda en lo ínfimo que les queda vivir sobre la tierra. Y todo tiene que pasar a no ser que la nada reclame lo absoluto que brinda la esencia en la substancia del mundo… y las estrellas se levanten de nuevo mientras algunas mujeres prueban el fuego de la condena terrena que arrastra indistintamente el sexo por lo aplicado aquí en el suelo.

Profecías

(Protégete o Ganando la eternidad o Si crees esto te has metido en un buen lío). En las claraboyas del destierro pinté anatemas para que pudiesen cogerse con pinzas los sistemas esotéricos especialmente espiritistas. No es todo luz lo que el sol ofrece sino que la oscuridad desprende iridiscencias sublimes para auparse al carro somnoliento de las visiones nocturnas y comunicarse claramente con el espíritu de vivos y muertos. Siempre desde el amor. Mal vas si vas cortando el cuello a inocentes gallos para contactar con Entes Chungos del más allá para tu provecho personal. La sangre desparramada sella sobre las piedras el homicidio atentando contra la cívica moral ética de los nacidos con un don tan especial. En las negritudes escondidas en el arca de la magia aguardan muchas sombras lóbregas para surgir sobre tu atmósfera y arrastrarte al tétrico pantano del desorden donde los pensamientos se multiplican en dementes órdenes suicidas, o en todo caso te impelen a acciones fraticidas. Mi experiencia es light dominar de manera estratégica primero lo blanco para después usar lo negro a mi antojo. Recordad. El amor es la llave para entablar conversaciones con lo invisible que espera para contarnos cómo conseguir la victoria total y definitiva. En lo importante de las leyendas y patrañas usa tu poder adquirido con el conocimiento y llévalo allá donde tu corazón dicte siguiendo la estrella luminosa que brilla en lo más profundo de tu mente y hallarás tu destino: servir al hombre mas que este agarre tus extremidades y las tachone en una cruz a la intemperie desnuda mientras desprovisto de ropa la desgraciada muchedumbre se burla de ti riéndose de tu alma de gran profeta.

(El diablo nos llevará). En los llaveros de imprecaciones dedicados a lo alto lo bajo ríe espasmódicamente el curso que sigue esto amarrado a lo terráqueo. En las cúpulas de nieve se filtran los desordenes que imperan desde que se nace hasta que se muere. He divisado estados precarios en los arraigos del espíritu donde anaqueles de neones oteaban fieras y criaturas monstruosas en el advenir de los óvalos que silencian las estadas en los orfebres de las alucinaciones que detentan paradas en los lindes del alma. En los apartamientos de la ciudad en las ventanas se veían figuras pesadillescas velar los ahorcados que oscilaban al son de lamentables disposiciones en las trenzas del cuento inacabado por candelabros de un solo brazo que pendían boca arriba balanceando la visión que se derretía esplendorosa en lo insigne de la imagen que pedía a gritos más y más vida. Aquellos que se suicidan tienen más ganas de vivir que los demás ya que ven el tinglado montado y no les gusta en lo mínimo y prefieren arriesgarlo todo para dejar atrás esta calamidad. En las repisas del abecedario los nombres se arrastran hacia el agujero tormentoso de la salida a todo esto y no hallan si no una avispa terrera que les pica las cabezas. Sobrevivir a qué, a la entrada en lo nefasto de las idas dirección la Reina Muerte que sesga esperando a cada instante que nuevos allegados lleguen sin demora. Me seco como una hoja que va pudriéndose poco a poco sobre un lecho de ignominia que va estirando mi calavera mientras la Parca cavernosamente me llama. En los hirabobos del desorden me coroné como poeta no teniendo en cuenta que la mayoría de ellos mueren entre los filamentos de la tortura y blandí la bandera en alto hasta que vi desmoronarse la tela que pesaba sobre mi testa hasta desplomarme sobre un frío suelo de asfalto agrietado. Lo he intentado pero sólo he hallado podredumbre y fango sobre el pecho que aspira el cieno que repudia el cielo de tener que laurearme después de muerto y ni eso. ¡Poetas! Desafiad las cuerdas, las balas, los medicamentos, las cuchillas y que no se diga que no tentasteis a lo excelso para dotar de veracidad a todo esto.

En las arterias de la madera el viento discurre rápido en las lentitudes del alba que acaparan las vías redentoras en el surgir de la aurora que trae recados de lo que otrora fue un cuento de benignas hadas que balbucían esperanzas en las alabanzas de siniestras alboradas que cantaban himnos a la nada que pronto se tragaría todo aquello. En el ir y venir por mis líneas patinan obtusas cometas que sobrevuelan ínfimas alegrías en la agonía del día que estira mausoleos roídos por las ventiscas que aspiran las certezas de la angustia en el crepitar de los troncos en la chimenea de la lar. Y en el vórtice del mimbre de las sillas sentadas sobre el suelo reposan las ilusiones preclaras de que todo sea en un inmensa primavera. En los cuencos del azar he hilvanado expectaciones rociadas con la lumbre inmaculada de cenas pasadas cuando bebía vino y comía entrecots a la pimienta. Ahora todo ha muerto sumido en el destino de la noche que se acerca amenazando mi continuidad sobre las esferas. No quiero pasar de hoy. Pero la Parca se empecina en estirarme cada vez más en los ríos de la vida para que traspase bien amargadito el umbral. En los candiles del albor de la madrugada se han apagado efímeras expectativas que traían  buenas noticias del peregrinar mío sobre Gea. Y mientras me muero pausadamente en los vértigos de la velocidad exhalo un trémulo nombre: Srep, así llamaba yo a mi perro y quiero que sea lo único que me llevaré de aquí con amor verdadero.

(Profeta de postín o Bravo por mí). En los postulados a lo eterno señalé las gracias humanas para que fueran todas a una en la bandeja divina de la ofrenda a las alturas donde cupieran las albricias y los jolgorios que le dedicaban a las Reinas de la celestial ventura. Las galletas eran comidas encima de la mierda para hacer ver el despojo de lo más querido barranco hacia el fondo donde la mesa servida por faraónicas rencillas tomare lo necesario para elevarlo a la platea de un amor imposible entre Dios y el Hombre. Justo antes de mi asesinato podía remontar los obsequios para darlos íntegramente al Rey del Cielo. Pero en los morfemas despatarrados como una ninfómana en celo penetré furioso en el foso de los anacardos para que cogieran lo necesario de mí y que me dejaran tan solo un refugio para volver a Eideen. Pero harto de ensaladas sin escarola aliñé los jugos gástricos con zumo de tomate para hacer ver que la sangre manaba a raudales por las esquinas de los concordatos de mi misión para unir excelso con terreno. En lo caníbal de la historia héroes se empecinan en llevar su palabra a lo alto y que dore tintes de sagrado. Mas yo denostado no pretendo sino dejar en claro que lo turbio que sustenta al ser sensible ha de garantizar nuestro paso por la Vía Láctea para que lo arrastremos por todas las demás galaxias y así podamos constatar que somos realmente humanos.

Postrado con la dote amarillenta de un teclado que como un camaleón espera el cambio en lo absurdo de que yo escriba más textos acordados por las tinieblas mutándome de color sin saber ya que arrojar sobre las teclas. Obligado por la sinrazón patino de línea a línea. Suicidarme para que vosotros sigáis con vuestras patrañas baratas camino de pega una eternidad radiante por conseguir llegar al fin de vuestros días jubilados y brillantes dejando la tierra anegada de nietos huérfanos para que pueblen vuestra ausencia que va dejando canas y entradas en las adormecidas tonterías que desarrollasteis a lo largo de vuestras insípidas vidas como una plaga. En las hebras de tabaco que he dejado tras mi senda he plantado los arbustos tras mis fotografías de infante para que elevaren la luminiscencia arbórea de las plantaciones de alegría que se cosechaban tras mi venida. Pero no era más que humareda la que sigilosa sembraba detrás mi vereda las sombras que crecían en un infausto prado de desavenencias futuras. Firmada mi debacle con el hilo clandestino de los portales que auguraban benignos signos y venideras luces sobre mi abatimiento que moría en el transcurrir de los lustros hacia una vertiente peliaguda que estamparía mis letras como una célebre bienvenida. Y acuñada mi efigie sobre papel moneda los reyes que asesinarían a cuanto se les pasase por la asesina cabeza. En descendencias sin igual he pasado la cesta para recoger que tras de mí sólo habrá espinas y una estéril estepa que señalará que el poeta que escribe esto está listo para la picota mortal de desaparecer sin dejar siquiera nada más que una obra a su nombre y muchas ortigas bendecidas con la nomenclatura de Ellas. En los vértices del desprecio tragué los mausoleos de mis antepasados para que indicaren sobre la testa mía que a sólo una uñita estoy de tomar las riendas de mi defunción y que el legado que deje me importe menos que un vulgar comezón.