El mundo de Homero está muerto

(Despejado sin tomar o Tal vez me equivoque). Todo se ha ensombrecido los aros resplandecientes se han fraccionado y a la deriva han naufragado sin poder adaptarse a modernidades aplastantes sucumbiendo al olvido relegadas a los arcones donde la humanidad puso todo lo falso en los baúles de lo que no había sido sino en la mente de imaginativos poetas que rascaron mundos extra terrenales en dimensiones que sólo de la fantasía habían surgido. He buscado mi muerte hundirme allí endonde vengo Allí donde crecieran universos poderosos en los carros celestes de las ideas de platino donde las diosas florecían hermosas en el oropel de las creaciones más vastas han muerto los resquicios que doraban el amanecer luminoso de los Silfos y el gritar desgarrado de las Arpías que gobernaban los cielos de tormentos macilentos en las sinfonías al viento cuando Eolo soplaba Céfiros en el surgir de seres que ya suspiraban antes de iniciar la era humana El mundo de Homero está extinguido para vuestras mercedes. He venido para hacer constar que todo lo que represento está a punto de expirar. Los reinos que tejieron los poetas griegos se descosen a velocidad de vértigo. Pero no soy el único puesto que mi nombre en Griego se representa en otras Arcanas Mitologías Retiradas. Yo moriré (vendrán nuevos Apolos no lo dudéis) dejo constancia en estas líneas que yo he visto Orbes aquí que vosotros no veis (ni veréis jamás).

Teoría de la muerte

(Teoría de la muerte). Si el reflejo de nuestros ojos se ha de reflectar en la profundidad de la noche del alma desgranando cada recodo que nos vio andar. Senda arriba de las alucinaciones nocturnas en los lindes de la carne que se viene a soñar entelequias oscuras cuando el párpado viene a resucitar negras excelsitudes en el REM que profundiza en lóbregas vicisitudes para mostrar los interiores de ultra tumba los rencores del alma que se agita en suaves dolores que reflejan los soles recogidos de día e impelidos a la lobreguez del subconsciente que se remueve en los pardos noctámbulos cuando todo tú eres espíritu que comulga con lo excelso que viene derramando visiones a espuertas de la vida que dejas al adormecido penetrar en las tinieblas. Las películas de la defunción se suceden una tras de otra y eso ha de volver embargando todo lo que tú irradias en el momento de ver las pesadillas que te asedian encadenándote a los cuatros costados de la cama como un tumba que te agarra y te lleva dónde no quisieras por nada del mundo ver. Los sudores te empapan mientas te aprisionan las garras de una realidad que ignoras dado a contemplar lo que la luz del sol amaga. Amarrado al vacío te desplomas preso de las manos que te vienen a tocar y los pies que caminan sobre ti aplastando tu muerta aura. Eso será algún día. Y habrás rendir cuentas de lo visto en tus sueños… pero ahora despierta y mira los colores del arco iris irradiar y alumbrar las veredas para que te puedas poner en pie y caminar hacia el fondo del día sin que un malo reflejo te asedie en la conclusión de la jornada. Pero tendrás que retornar ahí en algún instante y rezar no valdrá para que no sea eterno. Las sombras te buscan. Quieren algo de ti. ¿Qué más decir? Redímelas o que te arrastren con ellas al fondo del pantano de la inconsciencia donde los infiernos son reales puesto que todo lo que brilla en ti será algún día y no tendrás nada más a lo que tender las manos si no a eso que te toca furibundo. Tu carne fortaleza de lo que tiene que vivir en los eones de la muerte mientras el sol ríe sardónicamente puesto que la totalidad de lo que tú ves le pertenece y tuyo sólo lo que pupila para adentro ves al desplomarte rumbo lo que verdaderamente eres.

Inocentes tocamientos

(Vecina o Polvillo o Canilla al aire o Mi tía favorita). Deslizándome entre notas musicales vi los cabellos de ella que flotaban en el viento rizados hasta la extenuación y brillaban nacarados del deseo de que alguien más que su marido los pudiera tocar. En las articulaciones de los artilugios por poder mesarla desencadené una horda de pajas para que se asentaran entre las hebras doradas de su pelo y dibujaran obsesiones con el nombre de preciosas niñas y niños preclaros. Y allí cuando el viento silbaba por entre mis montañas me llegaba el jadeo inmaculado del anhelo por ser yo dentro del vientre del placer mientras ella agarraba con sus manos mi cabeza. Es cierto que yo la he buscado a la par que ella perforaba los estados para dar complacencia a mi glande de que yo la descubriera nuevos goces que pudieran hacerla sentir joven y querida y desplegar en el abanico de las ciencias ocultas toda la pasión que se formaliza al conectar dedos con genitales enviando las señales al cerebro que dosifica el escándalo mojado cuando los fluidos emergen del estado normal al exacerbado. Y dale que te pego la sigo buscando y ella me responde complacida derramando los líquidos sagrados para hacer constar que allá en lo alto en las cúspides más elevadas nos tocamos para llevar planeando el sin freno de un impulso primordial que puja por escapar en la soledad de las sábanas cuando solos nos quedamos esperando que más allá del cenit físico de la excitada y turgente carne alguien rugiente nos venga a follar hambriento y sonriente.

El Grinchón rubio

 

(El Grinchón de Vainilla o Clavos en la sopa de menudillos o Ganando amigos o Las mieles del trabajo u Oh Corazoncito de Jesús toma mi melopea o Un domingo cualquiera o Matarás). Puedo escribir los versos más tristes y desolados enhebrados con hojas de laurel en esta noche fría, que cae como plomo en la angustia de los días transcurridos del olvido y devora silente niños y niñas y los sumerge en la escalera de caracol del dolor que pasa con la gloria podrida que enarbola la frente de esta singular especie. ¿Estará Dios al oscurecer, mientras comemos gambones, en la calle junto a los pobres, preparando su venganza? Sí, les alimentará con sus penas, consolándoles que el postre viene tras la muerte y que el aperitivo es sólo para pecadores. Desde luego no es navidad para los animales que vamos a deglutir ávidamente y que, con suerte, acabarán en la boca de un simpático perro pero, asimismo, pollos enteros y pescaditos en la basura para nutrir la podredumbre de la rutina de una generación que ha terminado aburriéndose. En estas fechas tan comerciales, anzuelo para bobos, quiero recalcar, sobre todo cuando las rayas de coca caven carreteras sin fondo en el cerebro de los ignorantes, que las estrellas bostezan y la tierra gimiente se alarma ante tal gasto inútil en los recursos de la benevolente Madre. En los lindes de la agonía mediocre de los hombres, una solitaria voz emergerá de las tinieblas y dirá venid hombres venid, ocupad vuestro sitio. Y uno a uno, poco a poco, lejos de las familias, se adentrarán en un pasadizo laberíntico para hallar al fin el lugar: una apartada tumba rodeados por la Gusandad Hambrienta de Natividades. Trabajad la hipocresía, ella es el pase para el más allá y cuando al fin despierten los ojos de la mayoría a una realidad que desconocían se verá la desnudez en un espejo pulido donde se reflejará al fin lo que somos: una verdad aturdidora de la que mis manos lavadas de incertidumbre se apartarán en lo posible relamiendo mis dedos mugrientos con algún hueso de cerdo. Brindemos por la leyenda. Alabemos al Dios Estomago. Si yo fuera Cristo (no lo soy ni ganas) me caería la cara de vergüenza.