(Canción del amor de ultratumba en la Verdad de constelaciones y nebulosas). Si quise hacer la canción de amor más grande de todos los tiempos dorando los vórtices de las mañanas hasta los ocasos coloreados de silencio allí donde las aves piaran libres los cantos a la dicha del despertar sin palabras en los horizontes lejanos al despuntar los soles sobre las albas que entonan cánticos en la fusión de los corazones revelados por las idiosincrasias de las manos sobre las ruinas de las ciudades que se derruyen abismo abajo en columnas que no sostienen el paso de los amantes que nada más que necesitan aire para elevarse y volar allende mares y firmamentos lustrados con un amor venido desde antes de lo humano. Las banderas enarboladas ondean a plena asta mecidas por benevolentes vientos que llevan los nombres de los que se aman a extremas distancias de las galaxias fogueadas con el cabello de ambos de punta a punta de las estrellas. Y un silente grito que sacude los cielos arriba a las costas moradas por los anhelos concretando la unión imperecedera de la Alianza que sella ante los ojos de Cosmos Ángeles y Dioses que el cariño que se pueden profesar un Hombre y una Mujer anilla las argollas protectoras de todo lo que tiene que ser. Mueren los astros complacidos al ver la estela de los dos y otros nacen alborozados sabiendo que por todos los orbes se velará cuna y origen de aquellos que crecieron entre la herrumbre de la cizaña más perversa para encaramar dedos y manos al más allá tocando la faz acaramelada el rostro que tanto se deseaba formalizando el tacto en la piel estelar de los que no han parado de buscarse en las latitudes apartadas hasta aferrarse al ideal. Y con un beso derramar los cinturones de la Vía Láctea en la descendencia que ha de arraizar colonizando los planetas.

(Ich bin ein Dichter). Agarrado a las mesanas donde gritos se arrojan exasperados en la lontananza humana. He bailado en las curvas peligrosas allí los suicidios se remontan en vergüenzas que tachan la casilla de las condenas sin más juicios ni palabras. He deseado suerte a los modelos de las prematuras muertes con el corazón desollado en solitarios suspiros que buscaban enredar en las barbas de la eternidad la voz del hombre a costa de dioses como Apolo y algún otro. Gotea el túnel en azarosas vestimentas que se desgarran cuando pasa el ticket y el importe de la factura: los destinos campean mansos ante el nervioso agitarse de los cuerpos que van viendo como se les ha ido escapando el tiempo de las manos. En los gélidos mares donde hombres columna sostienen los infiernos que ya se vienen abajo arrasando el devenir de los que han de volar hacia otras galaxias muchísimo más lejanas… o han de caer hacia atrás… Pero yo me limito a expresar con poemas mi condición maldita ostentando temporalmente el cetro de los poetas mientras que manadas de solemnes Ángeles siniestros me ruedan como un mal augurio la cabeza. Mi maldición apesta mas en los laureles que me aureolan brillan como notas de esperanza lunares hermosos y puentes hacia más allá de lo excelso de páramos vetados a los mortales… pero las sandalias que cubren mis pies empiezan a ser roídas por lo podrido y mohoso y como una estatua he de permanecer quieto hasta que lo vacío se refleje en mis ojos y no sea mas que el pedestal el reflejo de un idiota mientras las corrientes humanas, dónde sea que quiera que vayan, siquiera se percaten de como caducan las hojas que se secan de mi corona de rey de los poetas.

Suena el timbre en las barcazas del desasosiego augurando un ténebre despertar en las velas del viento que se vienen a llevar las linternas que enfocan los faros que vienen a volar aves que acarrean la verdad. ¿Pero qué es la verdad? Llueve cieno sobre mis párrafos que se ahogan en un mar de herrumbre en las incertidumbres del agüero que traerá el mañana dentado con las garras de un imperecedero aguacero. Lágrimas en mi cara abocan las madres que lloran vacilaciones de esperanza en el advenir de los aceros que traen alabanzas en la similitud de las alas que desploman plumas de plomo sobre los capazos vacíos que trae el hombre. Y en los violonchelos a sotavento se estiran las canciones en lo eterno de un día sobre Eideen para que se oiga el peregrinar de esta especie camino el descalabre. Y cantan las ninfas trayendo las buenas de una cálida advenida cuando la humanidad esté lista para progresar. Las arañas recorren insignes rumbos para llevar a su camada a poderse desarrollar allende las manos y pies que dirigen el corral de desacatos y desavenencias para que nada más que el hombre se pueda desarrollar. Las noches caen anquilosadas de desamparos sobre el que duerme que no desea si no proseguir las veredas que dentro quedan hacia las providencias que prometen nuevos estados en la delineación de los estrados. Mueren las fortunas y en los ribetes de la soledad sólo quedan ruinas: alcanzar los perfectos períodos para fomentar una dicha: vomitando el corazón preñar la desventura: no escribir más y esgrimir una coreografía: bailar con la nada toda la desdicha hasta que se materialice lo que aconteció y aferrarse a algo seguro: el horror.

(¿Alguien vendrá a decirme algo?). Yo gusano embargado de cosmicidad en la podredumbre de mis nervios musculados que se arrastran por suelo regocijándome en mi propio dolor. Sumido al desespero concéntrico de mi carne me despedazo a trozos íntegros en los yerros de mis faltas que me tiran por la tierra como si yo fuera una alimaña. Pero en los vestigios del cuerpo se elevan las posaderas que indican mis manos capaces de auparse para bendecir esta miseria que me corroe en la disfunción de mi materia hecha corpórea y en el espíritu lleno de impurezas. En los postulados a las planicies eternas abogué por mi estado macilento en la corrupción de mis dedos que apostataban aferrándose al polvo y denigrando el alma en la transición de mi osamenta hacia el más allá de las piedras. Sugestionado por mi propio descalabro empapo mi tinta de sudarios que verán la luz de los escapularios en criptas escondidas del ojo humano. Escogiendo los caminos a seguir me topé de bruces con una dicotomía: perseguir el bien metal sin importarme las consecuencias o depurar el animita sin poder equilibrar las balanzas que pesaban qué valía más. Y me enajené en las sinrazones colgado de un palo oscilando entre los mundos que venían pasando unos tras otros bajo mis pies marcando el diapasón de las decisiones que envenenaban mi alma de mortal. Y tirado en un charco podo las cachiporras que me golpean señalando que soy una inutilidad. Pero de los hilillos del río surge una verdad resplandeciente que me viene a indicar que en mi humildad restregada por la arena viene una salvedad: tu corazón fuente de fábulas se ha roto con una finalidad: tú gusano pasarela entre los abismos para que tus padres pasen y puedan tocar con sus manos la deidad.