Aliento nocturno.

(Toca lo que se te muestra). Patinan las muescas de irrealidad desprendiéndose del éter detenido de los sueños. Una voraz tempestad azota los tormentos en los cráneos que nuca se sabe cuando van a parar.Y la noche prosigue visión al centro buscando los desdobles del pensamiento que sumergido boga a los avatares de las ideas que se sumen al desvarío en donde lo inmaterial cobra fuerza para despegar supremas alucinaciones que no pertenecen a este mundo. Un haz concéntrico resbala cuesta abajo del intelecto y fuerza los caminos que ha de transitar ahogándonos en la marea balbuciente que gime desconsolada mientras las estrellas lloran angustiadas. La fiebre de las cabezas se solidifica y nada más que la pupilas sintonizan el espectáculo que delira. Todos los caminos se abren y van a dar contra una pared infranqueable. En el hollín de la almohada alguien convulso se agita y patina deslizándose hacia el mar de los infortunios y de los seres nocturnos que no se dejan ver cuando el día ocupa su lugar. He tirado una red para cazarles pero se escapan fácilmente sin que dejen restos de la hazaña sino en vagos recuerdos que la luz del viviente dilapida alejándose así de la agonía. Nadie solo ha retenido un hebra un objeto del mundo onírico. Todos duermen mientras yo velo las entradas del laberinto. Hasta que agotado tomaré, con miedo de irme a dormir, la mano de la pesadilla más rezagada y que me lleve ahí, en donde pueda ver como los hombres se convierten en Demonios.

Audaces del amor

(Héroes de amor). En el ocaso transparente del horizonte sobre las montañas el brillo inmaculado de lo silente despega desde el suelo para sumergirse en oscuridades ascendentes que tocan las lomas del cenit incandescente. Y muere el día inmerso en clarividencias sin nomenclatura al frente. En las esquinas de la lontananza emergen las antorchas de fuego abrasante para adentrarse en la candela opaca de la muerte. Y nuestro amor sucumbe marea abajo las directrices del desparpajo  por ser dos en uno la lumbre del picacho más alto en el vórtice elevado para diseminar luces por el humano reinado. Las hojas se desprenden de las ramas que sueltan lastre para que aquellas se descompongan por arriba de la tierra. Y sopla la ventisca llevándose los restos de la aurora que ilumina los vestigios de la madrugada antes del amanecer del mediodía del hombre mucho antes de que  me enamorara de ti y tú te prendaras de mí. El solsticio de verano nos condena confinándonos a los abisales bordes galácticos de lo que debería haber sido una leyenda. Y expiramos macilentos bocanadas de desespero, ¿para cuándo lo nuestro? Para nunca, o tal vez guiados por las voces de nuestros corazones nos encontremos: prestos para matarnos de nuevo.

Poema que se derrite en el fuego

(Poema que nació porque sí o Poema que se derrite en la  lava). El los vórtices del viento calcé melancolías de pasados angustiados por el transcurrir del tiempo en ajados silencios que repetían la monotonía de las soledades que se advenían llenas de maldades cuando dejaba el chiquillo para convertirme en hombre lleno de pelo en las púbicas verdades. Efervescentes mis llamadas a las planicies celestes sólo el Diablo me contestaba contento de que mi currículo poco a poco se rellenaba. He malgastado la fe en carótidas arborescentes de esperanza contemplando mi sino desparramarse rumbo a una humana debacle que aspiraba los signos de la barbarie relinchando la caridad en los ósculos de lava que gemían en la madrugada tal barbaridad balbuciente. Sumido a la cortapisa de los sentimientos sumergía en palabros de agonía la desidia por tomar las riendas del cosmos y caminar nebulosas adentro hacia el centro de las estrellas que venían a remendar los desechos del por qué verme tan loco ametrallar la sinrazón de la razón por ver a mi corazón lejos de vosotros. En las granjas textiles se cosía mi alma en las vertientes del cuando me quise recuperar ya era tarde. Y allí en la lana enredada de luces ahorqué mis expectativas de ser alguien en la vida. Recolectadas las naranjas por mis ancestros ¿cuál podría ser mi herencia? No hacer mucho más largo este poema para que se me lea, vociferar en las altas esferas que mi tinta sueña a la espera que dos reencarnaciones hagan más llevadero el aguardo que ha de motivar a las clases pringadas que remonten los estadios allí donde está el verdadero poder: en el espíritu de los desolados que darían todo por un celestial pedacito de suelo terreno.