Poema de amor imposible pero imaginable

(Llenando los contornos del vacío que me cerca). Coronada de excelencias la luz que irradia me lleva por parajes excelsos rumbo la deidad idealizada de lo humano sobre la tierra. En el jardín de Edén bellas proliferan pero como ella sólo una. Aún en mi desespero tiento lo que imagino para adornarla con flores y guirnaldas sobre su cabello nacarado de deseos. En los mundos salidos de mi espíritu y mi mente concibo escaleras luminiscentes para que ella suba sin problemas los peldaños y abra su pecho una vez esté arriba para mostrar los colores recogidos en su alma allá a lo más alto de las estrellas. Y sueño enrevesadas lianas que se cogen de mis manos para formar los árboles genealógicos de la más elevada ideología para soltar por los campos de etérea luminosos hijos que pueblen todas las esferas prometidas. Y en el cadalso de los días cuando el sol se amaga buscando así su ocaso subo arriba de las piedras de las montañas su rostro y su voz acaramelada para que sean al fin de la jornada aquello que engulla el cielo antes de abrir el firmamento a las constelaciones aladas que pululan sueltas por el universo. Unas sílabas entonan mi amor en las nebulosas del viento que me llega a los oídos prestos por escuchar cualquier cosa suya que me diga “love” y sonrío mientras una lágrima recorre mi mejilla deslizándose cadenciosa en notas que remontan los astros sedientos de su forma y que como yo anhelan poseerla entera. Y una manada de aspiraciones surca la atmósfera a su encuentro dorando la cara graciosa que me mira en la lejanía y me dice “love love love”. Y yo Don Quijote herido de bienaventuranza momentánea estiro las manos señalando al cenit que cuando todas las jornadas mueran y el Cosmos dé la vuelta quedará para siempre de mi corazón que se marchita las brizas de esperanza de anegar los líquenes de las lumbres más pretéritas con arquetípicos hechizos de lo que pasó y amé en este planeta. Y colgar en la cúspide de los amores imposibles un solo nombre: Zooey Deschanel.

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(Me enamoré de una Vestal). En las noches plomizas el desgarro arañaba el tul de las cortinas de mi sueño. Somnolientas se deslizaban dúctiles y silenciosas pesadillas en las comisuras de mi cerebro que pugnaba por enamorarse de la silueta desnuda que se aposentaba desprovista de ropa ante mis pupilas que zumbaban remolino adentro persiguiendo las formas anheladas de la visión descalza que tocaba mi cara. Pero siquiera podía rozarla erguida ante un altar que indicaba que amar como yo deseaba no era para este mundo. Y Ella me miró con ojos chispeantes y me sonrió mientras me atrapaban las nefastas alucinaciones y me sumían en el desespero concéntrico de la negrura que pronto me engulliría clamando que en el despertar de la locura, las espirales hipnóticas del aurora me encadenarían a las visiones terrenas y lúgubres manos de ultratumba se despedirían de mí agarradas a mis órbitas y yo tendería mis dedos imprecando a la Vestal y todo desvaneciéndose a mi alrededor en un pavor de sepulcro y mis párpados abriéndose en el dolor del alba que ya va apuñalando uno por uno mis recuerdos oníricos y sólo resta la piel de alabrastro de la Vestal y las garras insomnes que ya van a coronar mi vuelta a la vida.