Cuento

Aliento de Eiros a Charmion o La Luna de Venus

(Inspirado en el mito de Apolo)

 

La gala del poder cegará  a los futuros dioses

Gabriel

 

En las Costuras Abisales más allá del Destino, allí donde se abren nuevos Caminos, he dejado para ti el Anillo Nupcial que he de regentar allende Plutón las Esperanzas de atravesar todas las Puertas Galácticas y que se abran en una Aurora sin par. Separado de ti por Distancias Celestes en los Avatares de la Perspectiva que cercena Carreteras he dejado postrado mi más alta Quimera.

He naufragado tantas veces que sólo me inunda el hollín de la desmemoria cuando ensueño aquellos años en los que estabas a mi lado. He partido hacia Casiopea solitario como la originaria nuez que cae del Nogal y nuestro Árbol Genealógico queda tan lejos que no diviso ni a los primeros ni a los últimos hijos. En las corolas de la fe he dejado marcado el que de nuevo te pueda ver.

Los Siglos transcurren y  no estás a mi lado pertrechada para siempre en algún lugar de Orión. Y yo anhelo saber dónde está el Error que nos llevó al Horror de nuestra separación. He indagado en mi Corazón para hallar el desespero legendario de por qué tan enfadada huiste de mí compañía. La última vez que estuvimos juntos fue en la Constelación de Pegaso cuando aquellas Estrellas se desprendieron de sus órbitas y viste que yo me enamoraba de una de ellas.

Pero te sigo siendo fiel en el acontecer de los Eones que se suceden uno tras otro en el derivar de los Astros hacia Lejanas Nebulosas, y que se precipitan unas otras tras otras en síndromes de olvido y de un amarga ternura. El acaecer de los Épocas se ha vuelto en contra nuestra después de Evos unidos cuando tú eras la única. Generaciones de hojas se han desprendido mientras posabas tu boca con la mía. Y nuestros hijos buscando el Firmamento se han perdido libres dejando las trabas que imponía Eideen para volar adentrándose en las Galaxias.

Espero que no hayan muerto las Maravillas de nuestro Amor y que tan sólo sea una evidencia esta separación para cuando podamos estar juntos de nuevo. Desde este Agujero Negro te mando esté Suspiro, hoyo de negrura que me consume aguardándome en la duda. En la certeza que me has querido expiro apartado de tus ondas para que veas que mis espiraciones por ti son verdaderas.

¿Qué podemos amar si no Sombras relucientes de luz? Tú eras la Silueta que me enloquecía el Espectro que me proponía procrear en el campo de los quásares la verdad inmaculada del cariño que venía cargado de dichas. En las Enanas Gigantes dejamos nuestras hijas y a nuestros Vástagos perlados con el fuego del amor en resplandecientes Super Novas. Y nosotros asidos por las manos planeábamos en un Cosmos impoluto con la pureza de los amantes que habrían de quererse por todas las eternidades venideras. En la universidad del deseo se cocían nuestros anhelos hervidos conjuntamente para ser después en una imponente aurora las expectaciones que nos elegían como guías de lo que iba a venir después en el alba que nacía esplendente hacía el cenit incandescente.

Pero vi a aquella Estrella irrepetible de hermosura danzar ante un caos pletórico de desplegar sus anillos y con los ojos la poseí mientras mi corazón latía deprisa. No era sino una hija preclara que orbitaba a lo lejos de mí esperando surgir y colarse en  los cielos de su ventura para vivir expandiendo sus argollas. Y más que atracción de padre lo que sentí fue físico en aquel aquelarre de majestuosidad por parte del firmamento. Y tú te diste cuenta. No le tocaría un pelo pero mi deseo estaba corrompido por los fuertes del antojo y unas lágrimas celestes brotaron de tus ojos. Y te fuiste lejos sin decir palabra mientras yo gritaba Charmion Charmion.

Y ahora apartada de mí vivimos este alejamiento que nos impele corriente adentro a buscarnos aunque sea en los filamentos del viento. Cuando las musas sueltan imprecaciones a raudales te persigo en los ideales del Espacio profundo y sólo hallo la respuesta de un suspiro que no quiere abrir su pecho para que yo entre de nuevo. No sé cómo horadar mi genialidad para atravesar tu corazón que lacerado ha apagado su canción.  En remotas latitudes y distancias se oculta el camino que ha de adentrarme otra vez en mi destino para reventar el Universo conocido y que podamos de nuevo inseminar una explosión como un Big Band con renovados hijas e hijas, y quebrar el Cristal Cósmico para dotar de plenitud al vacío de la Vía Láctea y de todas las demás Galaxias.

Si por alguna de aquellas ves esta noche la luz asomar sobre tu vera que sepas que es la irradiación de mi interior la que pretende iluminar con los rizos aldentes de la verdad y el arrepentimiento por desear lo que no me corresponde, sino tú: áurea imagen por la que entregaría mis sueños más pretéritos para colgar en la nebulosidad de tus cometas el refulgente despertar que ensueña que nos volvamos a amar en la certeza.

No repetiré más palabras amor mío sólo recuerda que la Flecha de Cupido hirió nuestros corazones cuando estaban vencidos, y despertó la magia nacarada de nuestro afecto indicando en lo alto que el uno era para el otro. Y que allí en los vórtices del desánimo cantores amores nos acechan para cuando unamos el espíritu Arquetípico para que el amor ronde de nuevo por el firmamento.

He repudiado a aquella hija consciente de mi pecado y ahora postrado te envío este lamento para que no llegue con retardo pues los hoscos Agujeros Negros todo empiezan a devorarlo. Y en las silentes raíces de lo divino podamos repoblar el genealógico árbol para empezar de cero sesgando las alboradas que han de ascender a los ojos de un turgente cielo que declama, que tengamos nuevos hijos, en la pletórica madrugada.

(Lección de ignorancia o Delicia apoteósica o Asentando las bases de las nuevas relaciones o Religión). Podría crepitar a fuego y yo tocar a Silvia con mis macilentos dedos. Mis manos son fusiles proyectiles mis uñas y ahí en dónde fusilo en blanco contra negro el altar en el cual dispusiese mi adicción a ella y mi frustración por no poderla dejar de lado en la cuneta. Todo está de más en mi poesía pues no interesa el amor que le profeso no es sino un resquicio atrabiliario de cariño. Me hizo mucho daño sin calibrar la herida profunda en mi corazón despojado de armaduras que hacia ella iba desnudo de ataduras y mentiras. Puse mi canción al frente de todas las esperanzas que se desplomaron el último día cuando la llamaba a cumplir su cita con el destino. Pero nos topamos con el impedimento autoimpuesto por las labranzas de que hacía unos días ella a mi interior entero recibía. Y todo lo que extraescolar vivimos… Y ahora la oigo gemir en el viento de barlovento y yo le pongo trabas para que no pase otra vez a mis entrañas y me despoje ya del todo de la protección que me queda frente a su mirada. Lejos quedan las palabras y los hechos que confirmaban que sería para siempre esta parada. Y ahogados por la distancia vemos enfondarse los anhelos que prometían una tierra nueva y desprovista de vestiduras. ¿Cómo podría quererme ahora si tan sólo soy una sombra de aquel bailarín que danzaba ante sus azules ojos desprovistos de salvaguardia? No quiero que me vea así y por otro lado deseo verla de nuevo otra vez para insuflar en mis ánimos el sufrimiento de por qué valía la pena amarla. No me queda nada de ella si no el recuerdo estropeado de unas diapositivas que pasaron por mi mano y ya han transcurrido los años tantos como para olvidar aquel rostro que aún se me fija entre ceja y ceja y acongoja mi núcleo sensor. En las rejas de mi cárcel particular alzo lo párpados para divisar que allá a lo lejos ella se desenvuelve plenamente con su porte de majestad. No cuela que ahora la quiera si ella me dio la espalda en  un encontronazo dándome de bruces contra mis propias lágrimas. Yo sé que ella aún me ama todavía pues la oigo latir en mi pecho en aceleradas pulsaciones que indican por todo lo alto que me dejó sin empañar mi camino que se manchó con los restos de su imagen que penetrarían hasta el fondo de mi yo despechado y conmigo erizada acabaría. Y en las esquinas del deseo se remacha esta canción: ¿seremos capaces de querernos hasta que todo se destruya? Me desmorono y en el otro lado de la habitación la siento cómo se posa junto a mí. Es el eco de mi propia voz que la busca y la encuentra sin atavíos bailando sobre mi cadáver mientras besa el cráneo sostenido por sus nacaradas manos. Y nuestros esqueletos se tocan: es la muerte que llega con retraso, cara a nueve años, y por más que queramos despedirnos de este inusitado idilio, sabemos que combinaremos nuestros pasos cuando la totalidad caiga para aferrarse a eso que nos negamos sin casualidad para impulsar lo verdadero que se cruzó en aquel día de clase tapando la boca a todos los que no me creían: la correspondencia sin medidas enlazando los besos que faltarían para que lo nuestro fuera una gran historia de amor… y de correspondencia, en los alambres del azar: para que nos conociéramos mejor… sin vestimentas.

(A l@s camaradas de Irán o Poetas del mundo). Se acaban los aguardos del verano en octubres déspotas cuando mueren moscas y mosquitos y yo sigo vivo aferrado a una débil quimera en lo ignoto de la selva de minutos en las que me muevo cada día. El pueblo no sabe y desconoce la razón por la que poetas postrados ante la hoja en blanco escriben verdades como árboles que crecen apartados en las sombras donde los despistes asoman sobre todas las corolas. He divisado a sotavento proféticas verdades que asolarán los espíritus a raudales de conocimiento y dolor al caer las columnas del próximo advenimiento. Todos vamos a morir incluso las piedras se erosionarán cuando el planeta esté inservible para albergar las almas que pujarán por huir allende lo terrenal. Otrora manifesté que no volvería a tomar una pluma y a enfrentarme contra el papel para plasmar nada que no me diera dinero con el que sobrevivir mis horas hasta el día de mi entierro. Pero hete aquí que estoy sumido desarrollando estas líneas para hacer constar en el abismo que mis letras de despegar hundirían a la humanidad en un caos magnificente en que las almas más fuertes se remontarían a las altitudes celestes y tomarían el relevo para hacer de esto algo más que comida de gusano o ceniza desintegradora de la herencia del hombre sobre la tierra. Agotadas mis ideas por esgrimir párrafos que valieran la pena me precipito a los anatemas de colegas que encarcelados y fustigados por contar las certezas de su país y siglo mueren enceldados por intentar que la chusma se pueda elevar para cantar libremente las faltas que han de hollar lo silente cuando política y religión imprimen sus normas para siempre. La poesía nos rescatará pero a su vez será un cepo difícil de superar cuando en atados al cuerpo pretendamos escapar de la carne que nos anuda a un sepulcro terráqueo. Vacíos los organismos de ultratumba no quedará nada mas que esperar que asciendan los que tienen que volar: y seguir sus estelas y que al girar la vista atrás sólo se vea atrapado a los que censuraron lo cierto y encadenaron la libertad para que las almas viviesen engrilletadas a su ley poderosa que acotaba los caminos de aquellos que pretendían amar y se encontraron con los dictámenes de sus semejantes que desde el odio pretendían imponer las jaulas para que en su majestad no reluciese el espíritu de la humanidad. Podrán acallar nuestra voz pero jamás silenciarán a la sangre vertida entre las piedras cuando el sol de nuevo sobre las lomas surgirá: y eso será la verdad en el juicio que tiene que poner nobles y tiranos en su sitio cuando lo verdadero recorra todos los senderos que dejamos en el minutero que ya va a contar en el aire lo hecho Aquí mientras plasmábamos textos y genocidaban nuestros sueños.

(Quizá mañana sea tarde para mí o No os apuréis hermanos: al final todo tiene que cuadrar como un asiento contable o Apuraos para que dé exacta la contabilidad en la audiencia final). Los cielos brindan las emotivas y cálidas bienvenidas en el diamante de los soles que brillan encendidos dando a  cada instante breves despedidas en el tambor del tiempo que patina prendido de lumbres de preciosidad acogida al cósmico adiós borracho de las liturgias de la vida. Han parado ebrios los corceles por el firmamento anudando ardientes deseos por los campestres prados del anhelo. Y ahí en los vórtices gaseosos de las expectaciones campan ilustres cantando para todos los corazones. En las generaciones por venir a Eideen se apartan de mi yo consciente para saber que aureolarán los orbes con amorosas canciones para que todo sea y nada se pierda por todos los eones. En el alfeizar de las estaciones ojos iridiscentes se asomarán para ver la totalidad completada en las fases del Edén naciente. Cuando los ceros se anillen en su conformidad alcestes plateas repletas de Ángeles dirán: Allí va todo hacia la vastedad y en una inmensa argolla habitarán para bien y mal. Y entonces este poeta se retirará a una lejana galaxia dejando escapar los tristes por qué vivía en desesperanza. Y en la infinitud de los evos por llegar aclamar los estados que soldarán en uno sólo la fantasía y la imaginación en ondas de alegría y recomposición de lo que se perdió en los abismos del tiempo y sólo quedó una anomalía: las sombras purulentas predicando la desdicha. Pero una vez unidos los mundos que separan detrito y hez de espacial pureza amedrentar a los fantasmas macilentos a que todo sea paz espiritual y entonces entrar por las compuertas estelares  y que el cómputo sea en la unidad retirando los pilares que nos separaban para que todo viva en un cúpula tan arquetípica como primordial.

(Poema para el rastro o Cada cual que pague lo que debe). ¿Cómo retortijar mis líneas para que expriman más si cabe el jugo que ha de regar las tumbas finales? Ya no llego a hora a nada. Desfasando en una habitación sin rumbo deambulo en ondas concéntricas con el destino atado de manos a un nefasto signo. Muerto desde ya hace mucho estiro mis días como puedo en atardeceres de angustia que dictan a sobre las lomas la luz oscura que me cerca estrangulando mi cabeza en diéresis de congoja. En los casos sobreseídos del Olimpo postulé mis carpetas vencidas mientras relinchaban en el prado los egoístas humanos que se creían que podían con todo y traspasar la muerte en los augurios agoreros de lo que tenían como verdadero. En la tonalidad rojiza sangre del ternero degollado los acabados animales campaban perfectos las idiosincrasias ante la negativa de ser humanos que esparcían en paellas a sus hermanos. Ya veréis como me veis morir abandonado a mis estados precarios en el alma de mis articulaciones que poco a poco gana el peso de mi cuerpo sobre el espíritu que emana irradiaciones de desesperanza. He hecho lo que he podido lo demás queda lejos de mis manos que no pueden agarrar asiendo la sartén por el mango para dilucidar mas bien un poco de lo que nos aguarda al trepar con las uñas la lápida que adornará el lecho en el que por toda la inmortalidad habremos de morar. Una milésima más que indique por todo lo alto que viva sigue mi voz que no tardará en apagarse ante la impotencia de mi tinta por extenderse a lo lejos en los variopintos e idiomas añejos y extranjeros. En los prados de la inspiración topé de frente con mi propia incapacidad para ofrecerme a evolucionar los estratos sino cuando inhalo euforia y veo las estrellitas brillar y cercarme para acabar de lleno entre las paredes de un lúgubre psiquiátrico. Sólo me esperan los segundos carcomidos por mis penas balbucientes que gimen mi derrota ante la existencia de contornar más allá de la carne las centellas creadoras que impelen comuniones sin nomenclatura para que lo que hay delante y detrás de nosotros se vea con hermosura. Es extasiante contemplar a las órbitas procrear delante de tu rostro. Pero asimismo la maldición ronda macabra los hilos del después de hacer aparecer átomos para acabar maniatado a una cama de fuerza. Los llamé a todos pero ahora no llamo a cualquiera. Postrado sobre mi frente aguanto las lágrimas: sólo el hombre tiene el privilegio de escupirlas y cuando eso suceda me retiraré a una apartada fuente con mis mansos animales y aunque los oiga gritar encarecida y endiabladamente no acudiré fundido con el agua del estanque no sea que la orinen también y dejen en los posos de mi ánima la vacante por la cual me derramé y sólo respondió la nada acechante.

(Cazando moscas o Al son de los gamusinos o Ahí queda eso o Al menos tal noción es concebible o La revelación pío pío). Un pajarito viene a mi encuentro: ¿Será una señal divina o sólo que el azar cruza en nuestros caminos nuestra respectiva verdad? El rocío en el crepúsculo baña las hojas sedientas de mojados anhelos que despegan tierra adentro cuando esta traga los turgentes restos de sufridas heladas cuando los árboles saben que sus frutos aunque se pudran serán en la definitivas alboradas al retornar los estados al origen primigenio de las ondas expansivas en círculos que transbordan a las estrellas los ciclos que han de aprovechar las noches bajo los astros que ven en la aurora la finalidad de nacer para morir después y olvidar las penas de la muerte que viene a arrastrar las semillas para que sean más allá del quizá en las defunciones de las mañanas cuando la madrugada viene a devorar la oscuridad que tapa los motivos que han de arrastrar capas y capas lo que ha vivido para que sepulte el suelo el proceso evolutivo que ha de regentar las dimensiones para que tal vez sea todo en una mayestática realidad sin final. ¿Cómo decir que las ideas que genera el hombre pueden aplanar los senderos para situar allende reinos imaginarios a lo que aún no puede planear? Mi poesía se deteriora en el bostezo aburrido del transcurso de milenio para dar a entender que las sobras son aprovechables y que pueden ser en el espíritu arquetípico de lo cósmico y celestial que se alberga muy adentro de las almas que no pueden ni quieren despertar. En el ruin avanzar hacia del progreso he varado los estamentos en sacramentos válidos para avistar allende las horas nuevos terrenos de hermandad cuando las generaciones viren 180º hasta dar con la refulgencia que ha de iluminar nuestro paso por lo terrenal. El pájaro ya se va y vuela éter adentro portando así mi ilusión preclara de que algún día se pueda volar sin necesidad de alas. Y esto se puede dar si el interior ligero pesa más en lo puro que la contaminación de nuestro cuerpo. En la volatilidad de las estaciones plumas y trinos celebran la bondad de la tierra que consagra a sus habitantes allende Eideen para que el regalo de la muerte se pueda transformar en un jardín de delicias donde las especies puedan congeniar sin necesidad de alimentarse de las vidas ajenas para sobrevivir en un aire repleto de amor y de alegría.

(Así os vendo mi mentira). Soy cansino lo sé he perdido el rumbo y todo el valor que se ha abocado a una sima sin nombre que parece eterna en un prado de desolación  en que se ha convertido mi vida cuando antaño me deslizaba por los páramos de la alegría que se extinguía a medida que entraba en edad comprometida para amar sino la figura despojada y siniestra de un poeta que por amor todo lo daría. El horizonte difuminado ha sepultado tantos amaneceres que no recuerdo si no ahora que va tragándose la luz del día que expira en líneas y borbotones de oscuridad que devoran silente las cumbres de las montañas que me albergan y me vieron nacer en los resortes de asesinatos de seres que huían de mis garras en la repetición de remordimientos que me asolan cuando paro de cantar esta canción a la vida que no puede escapar de esta prisión mortal que me ata con lazos de melancolía a mi pasado en un ambiente preternatural. Así os vendo mi mentira desprovista de humor y falacias griegas que concibieron tan sólo un escaño más por arriba de ellos cómo serían los dioses del firmamento. Mi negra comicidad responde a las argucias de aquel ente que bajaba en una nube a mi encuentro y yo le tiraba crueles piedras enfadado y no era Son Goku ni un Super Saiyan. Zeus se hacía llamar y no distaba mucho del Diablo que venía encomendando las razones por las que existir en este mundo nefando sino negando la vitalidad que empujaba a los hombres a trascender por arriba de divinas y diabólicas órdenes suicidas en los parricidios del más allá. Y en las tristezas de pana que se trenzan entre mis manuscritos proscritos por una humanidad de pega el dolor a sones de un melancólico clavicordio despega sabiendo que estoy a sólo un paso de traspasar el umbral de conformidad de esta antipática especie para hallar la verdad que ha de señalar el paso entre los puentes sobre el abismo mientras niños y niñas se rompen y desploman sin poder volar.