Poema que se derrite en el fuego

(Poema que nació porque sí o Poema que se derrite en la  lava). El los vórtices del viento calcé melancolías de pasados angustiados por el transcurrir del tiempo en ajados silencios que repetían la monotonía de las soledades que se advenían llenas de maldades cuando dejaba el chiquillo para convertirme en hombre lleno de pelo en las púbicas verdades. Efervescentes mis llamadas a las planicies celestes sólo el Diablo me contestaba contento de que mi currículo poco a poco se rellenaba. He malgastado la fe en carótidas arborescentes de esperanza contemplando mi sino desparramarse rumbo a una humana debacle que aspiraba los signos de la barbarie relinchando la caridad en los ósculos de lava que gemían en la madrugada tal barbaridad balbuciente. Sumido a la cortapisa de los sentimientos sumergía en palabros de agonía la desidia por tomar las riendas del cosmos y caminar nebulosas adentro hacia el centro de las estrellas que venían a remendar los desechos del por qué verme tan loco ametrallar la sinrazón de la razón por ver a mi corazón lejos de vosotros. En las granjas textiles se cosía mi alma en las vertientes del cuando me quise recuperar ya era tarde. Y allí en la lana enredada de luces ahorqué mis expectativas de ser alguien en la vida. Recolectadas las naranjas por mis ancestros ¿cuál podría ser mi herencia? No hacer mucho más largo este poema para que se me lea, vociferar en las altas esferas que mi tinta sueña a la espera que dos reencarnaciones hagan más llevadero el aguardo que ha de motivar a las clases pringadas que remonten los estadios allí donde está el verdadero poder: en el espíritu de los desolados que darían todo por un celestial pedacito de suelo terreno.

El aliento de las cascadas antes de llegar a los afluentes.

(Boceto de la lluvia sobre las hojas). Y la primavera emergió entre los árboles, y las flores se abrían despertando sus pétalos a la luz de las auroras de los siglos que se sucedían a velocidad de vértigo. Las aves piaban en las ramas desperezándose y en los silencios matutinos brotaban albas en las salves por dar al día la nueva bienvenida. En los anaqueles de la hierba brillaba la antorcha del tiempo saludando a los seres que habitaban el jardín delicioso de Eideen. El musgo se aferraba a la madera en el amanecer de la mañana que doraba tumultuosa los ríos que descendían por los acantilados de la montaña emergiendo claridades iluminadas por el canto de las Hadas. Y titilaban los faros en orillas lejanas apartadas de los desastres de la vida. Y entonces ocurrió: en el sesgo inmaculado de la creación nació una maldición bautizada con el nombre genérico de la nada: el Hombre que traería la destrucción. Y todo se retiró quedando la somnolienta Tierra desprovista de protección ante el ser que todo domeñaría. Y surgió una nueva época en los evos del Universo para completar los Orbes apartados de la Ciencia. Cesó el arraigo preclaro de las Nebulosas sobre el suelo para dar paso a lo que generó la incertidumbre de la Eternidad para que pudiera vivir más Existencias Aquí y Más Allá. Y bostezaron las constelaciones y al Hombre Huérfano lo relegaron sin más credo que devorar el vacío ante la sorpresa y los ojos llorosos de las Estrellas.

Levemente inspirado en Ian Curtis después de 36 años de su muerte

(Atmósfera o No te alejes en silencio). ¿Oyes el rumor constante del mar cómo vacila en la profundidad marina? Son los espíritus malignos de tus antepasados que vienen a buscarte en el dosel de la cama mientras la noche posee a tus ojos que deliran. Agítate respira deja que los sueños se encaramen a un parnaso de mentiras mientras te devoran las pesadillas. El viento ulula por entre los huecos de tu intelecto pasando factura a las redes que te atrapan en una vorágine de fantasmas espectrales que buscan arrastrarte y situarte en lo más bajo de los abismos pestilentes que emanan de tu alma penitente. Y tápate con las sábanas agárrate a la almohada. Los oyes venir ya están aquí las tinieblas se hacen presentes y con sus uñas mugrientas arañan la realidad que te envuelve. Manantiales desbocados de pecados fluyen como mil afluentes hacia tu corazón desvencijado y mana la sangre salpicando los crímenes funestos que te le legaron tus antepasados. Asustado en un océano de malas visiones se recrean en hordas gigantescas de terríficas alucinaciones que asedian los bordes de las esquinas del lecho que impreca que cese ya de una. Has agarrado la cuerda mil veces atemorizado de poner en peligro tu eternidad y en jaque tu pecho quebrado estira doliente el parto que gime  en el alba de los estados el estadio de tu mente. Ya no habrá más soles de otros planetas ni te mirarán las mujeres anhelantes, no verás piar aves alegres en tu impía presencia, sólo restará caer hacia la fosa buscando el puntal que te desgarre. Y rezarás en latitudes distantes la oración que hará clemencia en los infiernos ¡oh nada apiádate! del vacío que te cerca a cada instante aguardando a que te desplomes en el barranco del olvido con nada más que dolor hiriente. Y las olas no arreciarán, el mar se calmará, la marea bajará y tú oirás a tu alma alejarse rumbo las rompientes de los remolinos que te tragarán por siempre jamás mientras jadeas a eones de millas sobre el mar que eras inocente… la espuma contestará paciente: aquí está el espíritu de una alma inconsecuente y oscilando antes del aurora las sombras te apresarán y de tu voz que lentamente se apaga saldrá un alarido y al reloj le faltarán dos segundos para indicar que menos para ti el amanecer es para todos. Y morirás abriendo tu esencia a los reinos escabrosos que te albergarán hasta que el universo se anille indicando lo que tiene que retornar tras tus pasos para que puedas dirigirte de una vez camino de tu verdadero ocaso.

(La chica de ojos tristes). Te vi y me enamoré de tus ojos tristes. Cuánto habrías sufrido pensé…  Aún no era de noche del todo en mi alma y cuando amanecía las porciones de luz se desvanecían rápidamente mostrando los detritos que quedaban de mi sueño. Aburrido de cancelar mis cuentas con el destino me asomé a tus pupilas para ver qué dentro había. Estirado en la cama te imaginaba radiante con aquel vestido de rosas y diamantes que encandilara otrora mi mirada de amante. Y sumido en la pesadumbre de la espera estiraba los días buscando contigo una nueva aurora. Y hallé bajo tu falda el bosque que aguardaba a que mis manos de poeta lo tocara. Cansado junto a la alacena del adiós vislumbré las antorchas que  llegaban a la bahía para enfondar mis besos en tu cuerpo ardiente que se agitaba con cada contacto augurando la fugacidad de los momentos que se sucedían a velocidad de vértigo instaurando en nuestras auras los filamentos de la mañana por despertar juntos y tomar zumo con tostadas. Y queriendo huir a toda costa de ti para no hacerte daño te busco en las esquinas del ensueño indicando que aún un poco quiero de ti todavía: quizá profundizar en tu alma de mujer tal vez adentrarme en tus aromas para hallar al fin la áurea verdad que ha de incorporarse a la certeza de lo nuestro no fue casualidad y que se dio para que aunque fuera por poco tiempo encontrásemos la felicidad. El tiempo se sucede en líneas de agonía y he de reconocer que hubo alegría cuando friccionaba mi cuerpo con el tuyo en la cocina.

Continuamos en la brecha…

(Podríamos inventarnos o Poema que deshace el viento). Podríamos inventarnos el amor cada mañana cuando surja el sol despertar de las sombras y encarrilar los caminos que llevan a la conclusión de tus besos. Arañando tu torso desnudo descubrí nuevas sendas que llevaban a lo alto de las paradas sin túnicas de tu voz como oleaje que me buscaba y buscaba en los acantilados del cariño concretando de una vez los vestigios que unían de una vez tus labios con mis labios, deseando fusionar el gemelo en el igual de tus procelosos senos como cúspides de tu rostro torneado con la majestad de la sonrisa sin par que habría de encandilar a mi corazón enamorado de la brisa de tu faz anhelante. Y la poesía seguirá su rumbo despertando en los interiores la verdad que gime ataviada de nervios y tendones la cara aquella que quiero amar y rozar con mis dedos la tormenta que supura en las venas la sangre que hierve en un abismo de aventura. Soñando con el presente despojé de ropa los silentes barrancos que suspiraban por tu nombre. Postrado con tan sólo aire entre mis manos hilvano una esperanza pasajera mesar de nuevo tu cabello y aunque sea por un instante me digas: te quiero.

(Podríamos inventarnos o Poema que deshace el viento). Podríamos inventarnos el amor cada mañana cuando surja el sol despertar de las sombras y encarrilar los caminos que llevan a la conclusión de tus besos. Arañando tu torso desnudo descubrí nuevas sendas que llevaban a lo alto de las paradas sin túnicas de tu voz como oleaje que me buscaba y buscaba en los acantilados del cariño concretando de una vez los vestigios que unían de una vez tus labios con mis labios, deseando fusionar el gemelo en el igual de tus procelosos senos como cúspides de tu rostro torneado con la majestad de la sonrisa sin par que habría de encandilar a mi corazón enamorado de la brisa de tu faz anhelante. Y la poesía seguirá su rumbo despertando en los interiores la verdad que gime ataviada de nervios y tendones la cara aquella que quiero amar y rozar con mis dedos la tormenta que supura en las venas la sangre que hierve en un abismo de aventura. Soñando con el presente despojé de ropa los silentes barrancos que suspiraban por tu nombre. Postrado con tan sólo aire entre mis manos hilvano una esperanza pasajera mesar de nuevo tu cabello y aunque sea por un instante me digas: te quiero.

(Podríamos inventarnos o Poema que deshace el viento). Podríamos inventarnos el amor cada mañana cuando surja el sol despertar de las sombras y encarrilar los caminos que llevan a la conclusión de tus besos. Arañando tu torso desnudo descubrí nuevas sendas que llevaban a lo alto de las paradas sin túnicas de tu voz como oleaje que me buscaba y buscaba en los acantilados del cariño concretando de una vez los vestigios que unían de una vez tus labios con mis labios, deseando fusionar el gemelo en el igual de tus procelosos senos como cúspides de tu rostro torneado con la majestad de la sonrisa sin par que habría de encandilar a mi corazón enamorado de la brisa de tu faz anhelante. Y la poesía seguirá su rumbo despertando en los interiores la verdad que gime ataviada de nervios y tendones la cara aquella que quiero amar y rozar con mis dedos la tormenta que supura en las venas la sangre que hierve en un abismo de aventura. Soñando con el presente despojé de ropa los silentes barrancos que suspiraban por tu nombre. Postrado con tan sólo aire entre mis manos hilvano una esperanza pasajera mesar de nuevo tu cabello y aunque sea por un instante me digas: te quiero.

(Podríamos inventarnos o Poema que deshace el viento). Podríamos inventarnos el amor cada mañana cuando surja el sol despertar de las sombras y encarrilar los caminos que llevan a la conclusión de tus besos. Arañando tu torso desnudo descubrí nuevas sendas que llevaban a lo alto de las paradas sin túnicas de tu voz como oleaje que me buscaba y buscaba en los acantilados del cariño concretando de una vez los vestigios que unían de una vez tus labios con mis labios, deseando fusionar el gemelo en el igual de tus procelosos senos como cúspides de tu rostro torneado con la majestad de la sonrisa sin par que habría de encandilar a mi corazón enamorado de la brisa de tu faz anhelante. Y la poesía seguirá su rumbo despertando en los interiores la verdad que gime ataviada de nervios y tendones la cara aquella que quiero amar y rozar con mis dedos la tormenta que supura en las venas la sangre que hierve en un abismo de aventura. Soñando con el presente despojé de ropa los silentes barrancos que suspiraban por tu nombre. Postrado con tan sólo aire entre mis manos hilvano una esperanza pasajera mesar de nuevo tu cabello y aunque sea por un instante me digas: te quiero.

(Podríamos inventarnos o Poema que deshace el viento). Podríamos inventarnos el amor cada mañana cuando surja el sol despertar de las sombras y encarrilar los caminos que llevan a la conclusión de tus besos. Arañando tu torso desnudo descubrí nuevas sendas que llevaban a lo alto de las paradas sin túnicas de tu voz como oleaje que me buscaba y buscaba en los acantilados del cariño concretando de una vez los vestigios que unían de una vez tus labios con mis labios, deseando fusionar el gemelo en el igual de tus procelosos senos como cúspides de tu rostro torneado con la majestad de la sonrisa sin par que habría de encandilar a mi corazón enamorado de la brisa de tu faz anhelante. Y la poesía seguirá su rumbo despertando en los interiores la verdad que gime ataviada de nervios y tendones la cara aquella que quiero amar y rozar con mis dedos la tormenta que supura en las venas la sangre que hierve en un abismo de aventura. Soñando con el presente despojé de ropa los silentes barrancos que suspiraban por tu nombre. Postrado con tan sólo aire entre mis manos hilvano una esperanza pasajera mesar de nuevo tu cabello y aunque sea por un instante me digas: te quiero.

(Podríamos inventarnos o Poema que deshace el viento). Podríamos inventarnos el amor cada mañana cuando surja el sol despertar de las sombras y encarrilar los caminos que llevan a la conclusión de tus besos. Arañando tu torso desnudo descubrí nuevas sendas que llevaban a lo alto de las paradas sin túnicas de tu voz como oleaje que me buscaba y buscaba en los acantilados del cariño concretando de una vez los vestigios que unían de una vez tus labios con mis labios, deseando fusionar el gemelo en el igual de tus procelosos senos como cúspides de tu rostro torneado con la majestad de la sonrisa sin par que habría de encandilar a mi corazón enamorado de la brisa de tu faz anhelante. Y la poesía seguirá su rumbo despertando en los interiores la verdad que gime ataviada de nervios y tendones la cara aquella que quiero amar y rozar con mis dedos la tormenta que supura en las venas la sangre que hierve en un abismo de aventura. Soñando con el presente despojé de ropa los silentes barrancos que suspiraban por tu nombre. Postrado con tan sólo aire entre mis manos hilvano una esperanza pasajera mesar de nuevo tu cabello y aunque sea por un instante me digas: te quiero.

En los arraigos prematuros del alma a los mundos imaginarios que impelen las corrientes fantásticas a ser después de allende de los muros que imponen al hombre una pared impenetrable. Y los báculos oscilan entre pelambreras que originan vacuas despedidas en lo que pendula entre lo eterno y la tierra. Y oscilan dúctiles quimeras en las estratosferas que imperan en las sierras donde lo promiscuo desidera más carne de lo que uñas acaparan para sí en el limo de la espera. Y se angostan los caminos iluminando fatuas avenidas rumbo el sino de concurridas disciplencias que aúnan tras de sí las cáscaras advenidas de fatídicos destinos que no hallan mas que tumbas a lo largo de la senda que encamina redenciones fálicas en los chatos de vino que sumergen las esperanzas en alcoholes prohibidos por la naturaleza y que se ingieren trago tras trago senda la tristeza. Y en los amagos de la divinidad se balancean las verdades del creer o no en algo y tener fe al menos en lo que se hace es de provecho sin desperdiciar cada momento que se va a la pira del engaño en la lar de descreencias para sumergir la verdad en ácido onírico y nada más. En los peldaños a lo excelso se enturbiaron los túmulos y había que descender a los infiernos para dotar de veracidad al paso por lo mortal indicando que cada paso contaba en la ascensión a lo subliminal del cuento. En cada ósculo de vino hallo la sinrazón que me ha de llevar soterrando mis expectaciones a lo alto y que una vez allí grite espantando todos los fantasmas… o que se vuelvan en mi contra.

(Canción del amor de ultratumba en la Verdad de constelaciones y nebulosas). Si quise hacer la canción de amor más grande de todos los tiempos dorando los vórtices de las mañanas hasta los ocasos coloreados de silencio allí donde las aves piaran libres los cantos a la dicha del despertar sin palabras en los horizontes lejanos al despuntar los soles sobre las albas que entonan cánticos en la fusión de los corazones revelados por las idiosincrasias de las manos sobre las ruinas de las ciudades que se derruyen abismo abajo en columnas que no sostienen el paso de los amantes que nada más que necesitan aire para elevarse y volar allende mares y firmamentos lustrados con un amor venido desde antes de lo humano. Las banderas enarboladas ondean a plena asta mecidas por benevolentes vientos que llevan los nombres de los que se aman a extremas distancias de las galaxias fogueadas con el cabello de ambos de punta a punta de las estrellas. Y un silente grito que sacude los cielos arriba a las costas moradas por los anhelos concretando la unión imperecedera de la Alianza que sella ante los ojos de Cosmos Ángeles y Dioses que el cariño que se pueden profesar un Hombre y una Mujer anilla las argollas protectoras de todo lo que tiene que ser. Mueren los astros complacidos al ver la estela de los dos y otros nacen alborozados sabiendo que por todos los orbes se velará cuna y origen de aquellos que crecieron entre la herrumbre de la cizaña más perversa para encaramar dedos y manos al más allá tocando la faz acaramelada el rostro que tanto se deseaba formalizando el tacto en la piel estelar de los que no han parado de buscarse en las latitudes apartadas hasta aferrarse al ideal. Y con un beso derramar los cinturones de la Vía Láctea en la descendencia que ha de arraizar colonizando los planetas.