Poema de la felicidad absoluta

(No me busquéis en las sombras o Arreando Chim Pam Pum o Puliendo arbustos genealógicos). Los árboles y los seres vivos aspiran a la eternidad sin cuestionarse nada más que vivir el Ahora. En los tumultos de veranos calurosos adalides de la desgracia campaban turbulentos empañando mi cerebro con ideas suicidas y enfangando mi corazón egoísta. En el núcleo del dolor percibo semejantes acomodados en las caídas sin respuestas en existenciales preguntas que resolverían las dudas de adónde van a parar las almas allende las osamentas vencidas. Mañana será un buen día para despertar en los cadalsos del aurora aburrida que trae calamidades sin nomenclatura sin que nada cambie. En las falsedades escupidas por esputos nauseabundos se idolatra a ladrones y asesinos mientras mueren las esperanzas que se marchitan perdidas en el falo de los que enarbolan la poesía. Deformadas las estacas de las avaricias y apagados los faros de las verdades que llevan a una nueva advenida sólo resta escapar entre las brumas rumbo una fatalidad siniestra. En lo perenne de las lomas de las colinas voces funestas se desperdigan en el aurora dando la bienvenida a calamidades inhiestas que ondean sobre las crestas del hombre que no teme asesinar las certezas que cantaron filósofos y poetas. Crepúsculo de oscuridad en las tinieblas que avanzan devorando los huesos de príncipes y princesas se adentran, mientras los súbditos mueren a raudales, faltas que atentan contra la humanidad que estira decidida vacíos y condenas rumbo la entelequia entronizada de la mierda. Moriré del asco seguramente y en mi renacer situaré un vampiro deforme y maldito ante los ojos de las estrellas para que lo revivan a besos que me faltan y la buena voluntad de las personas para poder pagarme una tumba decente.

Cuando el amor se remonta desde el polvo

(Pass to the Stars or Ticket to Hell or The Abyss is There for All or Distant Galaxies Passing Through Eideen). He visto en sus ojos la luz que irradia el firmamento en los días iluminados y preclaros. En un pozo de horror en sus pupilas me aterra la derrota de caer vencido en sus redes de hechicera que como la mía aún buscan almas gemelas. Perdido en turbulencias desiguales en las tormentas generadas en torno a su falda ideo las formas de besarla de nuevo. Apasionado del tormento navegando en túneles subterráneos en canales aéreos memorizo cada recodo de sus ojos para adentrarme a nadar en sus iris procelosos de sufrimiento en los azares del destino que vienen a encandilar mi mirada de poeta tirado. Y en el aliento de su voz al viento oigo remendar los pasados que se encumbran en la verdad que gime desconsolada: queremos otra oportunidad de ser amados. Y la he besado ya sin que sus besos supieran a sal. Pero en las maromas de la tempestad cuando el mar se agita en la marea contra la tierra veo sus manos ajadas de tanto padecimiento y mi corazón que la anhela a sobremanera sobrepasando mi entendimiento. Me estoy enamorando. Lo sé. Mas no quiero que suceda. Me asusta el pensamiento de amarla sin miedo. Debería quedarme con aquellos ósculos de sus labios de magma, y olvidar el resto, y depositarlos en los residuos de la memoria para que en aquel instante en el que todo rebrote iridiscente pueda agarrarla y apretarla contra mí y decirle: No tengo nada que ofrecer. Y que ella me coja la cabeza entre sus dedos y me bese otra vez.

Poema de amor imposible pero imaginable

(Llenando los contornos del vacío que me cerca). Coronada de excelencias la luz que irradia me lleva por parajes excelsos rumbo la deidad idealizada de lo humano sobre la tierra. En el jardín de Edén bellas proliferan pero como ella sólo una. Aún en mi desespero tiento lo que imagino para adornarla con flores y guirnaldas sobre su cabello nacarado de deseos. En los mundos salidos de mi espíritu y mi mente concibo escaleras luminiscentes para que ella suba sin problemas los peldaños y abra su pecho una vez esté arriba para mostrar los colores recogidos en su alma allá a lo más alto de las estrellas. Y sueño enrevesadas lianas que se cogen de mis manos para formar los árboles genealógicos de la más elevada ideología para soltar por los campos de etérea luminosos hijos que pueblen todas las esferas prometidas. Y en el cadalso de los días cuando el sol se amaga buscando así su ocaso subo arriba de las piedras de las montañas su rostro y su voz acaramelada para que sean al fin de la jornada aquello que engulla el cielo antes de abrir el firmamento a las constelaciones aladas que pululan sueltas por el universo. Unas sílabas entonan mi amor en las nebulosas del viento que me llega a los oídos prestos por escuchar cualquier cosa suya que me diga “love” y sonrío mientras una lágrima recorre mi mejilla deslizándose cadenciosa en notas que remontan los astros sedientos de su forma y que como yo anhelan poseerla entera. Y una manada de aspiraciones surca la atmósfera a su encuentro dorando la cara graciosa que me mira en la lejanía y me dice “love love love”. Y yo Don Quijote herido de bienaventuranza momentánea estiro las manos señalando al cenit que cuando todas las jornadas mueran y el Cosmos dé la vuelta quedará para siempre de mi corazón que se marchita las brizas de esperanza de anegar los líquenes de las lumbres más pretéritas con arquetípicos hechizos de lo que pasó y amé en este planeta. Y colgar en la cúspide de los amores imposibles un solo nombre: Zooey Deschanel.

(Me enamoré de una Vestal). En las noches plomizas el desgarro arañaba el tul de las cortinas de mi sueño. Somnolientas se deslizaban dúctiles y silenciosas pesadillas en las comisuras de mi cerebro que pugnaba por enamorarse de la silueta desnuda que se aposentaba desprovista de ropa ante mis pupilas que zumbaban remolino adentro persiguiendo las formas anheladas de la visión descalza que tocaba mi cara. Pero siquiera podía rozarla erguida ante un altar que indicaba que amar como yo deseaba no era para este mundo. Y Ella me miró con ojos chispeantes y me sonrió mientras me atrapaban las nefastas alucinaciones y me sumían en el desespero concéntrico de la negrura que pronto me engulliría clamando que en el despertar de la locura, las espirales hipnóticas del aurora me encadenarían a las visiones terrenas y lúgubres manos de ultratumba se despedirían de mí agarradas a mis órbitas y yo tendería mis dedos imprecando a la Vestal y todo desvaneciéndose a mi alrededor en un pavor de sepulcro y mis párpados abriéndose en el dolor del alba que ya va apuñalando uno por uno mis recuerdos oníricos y sólo resta la piel de alabrastro de la Vestal y las garras insomnes que ya van a coronar mi vuelta a la vida.

Aliento nocturno.

(Toca lo que se te muestra). Patinan las muescas de irrealidad desprendiéndose del éter detenido de los sueños. Una voraz tempestad azota los tormentos en los cráneos que nuca se sabe cuando van a parar.Y la noche prosigue visión al centro buscando los desdobles del pensamiento que sumergido boga a los avatares de las ideas que se sumen al desvarío en donde lo inmaterial cobra fuerza para despegar supremas alucinaciones que no pertenecen a este mundo. Un haz concéntrico resbala cuesta abajo del intelecto y fuerza los caminos que ha de transitar ahogándonos en la marea balbuciente que gime desconsolada mientras las estrellas lloran angustiadas. La fiebre de las cabezas se solidifica y nada más que la pupilas sintonizan el espectáculo que delira. Todos los caminos se abren y van a dar contra una pared infranqueable. En el hollín de la almohada alguien convulso se agita y patina deslizándose hacia el mar de los infortunios y de los seres nocturnos que no se dejan ver cuando el día ocupa su lugar. He tirado una red para cazarles pero se escapan fácilmente sin que dejen restos de la hazaña sino en vagos recuerdos que la luz del viviente dilapida alejándose así de la agonía. Nadie solo ha retenido un hebra un objeto del mundo onírico. Todos duermen mientras yo velo las entradas del laberinto. Hasta que agotado tomaré, con miedo de irme a dormir, la mano de la pesadilla más rezagada y que me lleve ahí, en donde pueda ver como los hombres se convierten en Demonios.

Audaces del amor

(Héroes de amor). En el ocaso transparente del horizonte sobre las montañas el brillo inmaculado de lo silente despega desde el suelo para sumergirse en oscuridades ascendentes que tocan las lomas del cenit incandescente. Y muere el día inmerso en clarividencias sin nomenclatura al frente. En las esquinas de la lontananza emergen las antorchas de fuego abrasante para adentrarse en la candela opaca de la muerte. Y nuestro amor sucumbe marea abajo las directrices del desparpajo  por ser dos en uno la lumbre del picacho más alto en el vórtice elevado para diseminar luces por el humano reinado. Las hojas se desprenden de las ramas que sueltan lastre para que aquellas se descompongan por arriba de la tierra. Y sopla la ventisca llevándose los restos de la aurora que ilumina los vestigios de la madrugada antes del amanecer del mediodía del hombre mucho antes de que  me enamorara de ti y tú te prendaras de mí. El solsticio de verano nos condena confinándonos a los abisales bordes galácticos de lo que debería haber sido una leyenda. Y expiramos macilentos bocanadas de desespero, ¿para cuándo lo nuestro? Para nunca, o tal vez guiados por las voces de nuestros corazones nos encontremos: prestos para matarnos de nuevo.