Mirlo pasando por el nido de una Golondrina

Hacía eones mi mente evadida mi corazón soplaban vientos de desventura la había amado tanto que al pasar por su casa frente al mar el pesar que se había desvanecido se volvió a reencontrar mirando en las terrazas por si Ella estaba tomando un helado en taza de amor enamorada y con desdencientes y ver a quién podía ser ese a quién sus ojos observaban encandilada y no la vi por más que miré no era a mí a quien miraban sus pupilas en este instante fugaz en que las olas se renovaban y estremecían con los amantes que escribían sus nombres encadenados fugazmente creyendo que durarían eternamente más la arena dorada de la playa con el azur de las aguas el iris de la que otrora fue mi amada se los llevaba hacia una nada de liquido salado en los remolinos del deseo fatuo sobre las conchas marinas de una ternura y un cariño ilimitado de lo remoto y telúrico de un Mediterráneo Anciano y atávico. Las persianas de su apartamento con vistas al horizonte del infierno maravilloso acuoso estaban tiradas así como las cerró cuando yo llegaba ganador y la derrota de mi barco se hundió. Pasé de largo miré al infinito mientras el sol me saludaba en un breve fragmento entre las nubes perladas de tonos azulados y grisáceos y blancos cayeron algunas gotas nacaradas pintadas con tonalidades rosáceas y vi en las transparencias de las burbujas las Venus saliendo del mar para volver a ser después de la Tercera Edad y como en un largo letargo del que no retornaría pensé oh Silvia no quiero volverte a ver nunca jamás.

(Gabriel)

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