Leyenda de una partícula

Ha llovido manantiales de oasis de agua han caído del cielo portando reflejos sin repetirse al alba encapotada con nubes de aguacero el espejismo boreal antes de abrir los párpados a la aurora. Las aldabas de los campanarios repican agitadas por espantajos y demonios deformados tañendo y bramando a muertos en los nacimientos precoces de ángeles tirados del cielo. Entre la luz grisácea se cuelan las brumas y los vapores que rebotan contra los charcos embarrados del suelo mojado y en las escalas de degradados se ve la tristeza por todos los lados. Perdure la desolación antes que la destrucción y que un niño con ocho ojos sacrifique uno para ver el devenir oscuro de sus alitas angélicas a ras de suelo. En los porches de porcelana de las avenidas de las ciudades niñas van quebrando sus ojos a medida que ajenas se adentran en la vida callando el auxilio cada vez más bello y desgarrado de sus pupilas que van entendiendo poco a poco el horror la necesidad el temor la indiferencia que la vida les prepara. Lluvia de amor el tiempo es gélido y muchos derrotados con los corazones congelados navegan sin bandera de fuego hacia las estratosferas del silencio del extrarradio del hombre allí donde el cuento termina y vienen las Sombras nefastas y siniestras de la existencia del dolor de la carne y el alma Aquí Abajo.

(The Last Levi / Metatron)

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