Pequeño Teatro Delicatessen

Almas errantes tornándose mares luminosos

1ª Escena: Conversación.

Gerardo  de Craftval:

Una voluntad terrible asola los sueños que se desvanecen en las dimensiones surgidas de pesadillas que brotaron del espacio, pero dime Aurelia ¿nuestra locura manifiesta dictará un día la esperanza que ha de salir de las sombras?

Aurelia:

Hemos caminado juntos por los pasillos de templos antiguos junto a las deidades que yacían en paz sepultadas por el polvo de los siglos amenazadas por la insurrección de anomalías abominables sumergidas en la erosión de las edades. Pero Gerardo, las repugnantes bestias deformes que habitan en lindes malévolos donde los vórtices generan hipnóticos horrores en alucinaciones de espanto, ¿deben ser? ¿acaso deben salir y propagarse por la solemne atmósfera contaminando los ombligos psíquicos tomando forma y contorno para asolar los caminos que les brinda la luna?

Gerardo de Craftval:

Ellos tienen que ser, pero no somos nosotros quien podamos decidir eso. Tremendas catástrofes velan cósmicos intereses a lo que ha de poblar la tierra después de la tercera edad.

Aurelia:

En  fin amado, la noche es apacible en la defunción de las palabras, abracémonos y sintamos en torno nuestro lo tenebroso que nos ata con lazos de amor verdadero.

Gerardo de Craftval:

Dejemos los bustos de Vesta en donde están y volemos a lo hondo, abrazados, la densidad de nuestro sentimiento es un eco en el abismo de lo profundo: resuenan remotas aguas por nosotros pero alguien a lo lejos oye nuestros diálogos y puedo oír sus lágrimas salpicando las orillas en las que beben nuestros océanos.

Aurelia:

Tómame de la mano querido mío porqué en el latido terminal del mundo estaremos tú y yo bailando en el silencio de los astros titilantes que nos aguardan tras el ulterior cuarto, deslizándonos por los traseros anillos protectores que se desmoronan bajo nuestros pies danzarines pintando la oscuridad con saltarines acordes haces únicos del postrer faro abandonado en la extensión que abarca la muerte en las cascadas de manos que se agarran a las rocas y caen… tú y yo amor: los últimos en los níveos acantilados donde el olvido rasga nuestras ropas Antorchas de bienaventuranza en el azur de la condena Torreones en mitad de la batalla por no desaparecer Salvaderas de misericordia de Pecadores que ya se van a evaporar como huérfanas flores maldecidas en el sumidero de los bostezos donde el padecimiento se arraiga por los evos de los evos.

Gerardo de Craftval:

¿Qué más puedo pedir en esta soledad que toda tú atornillándome?

Aurelia:

Quiero ver el rostro de nuestros hijos.

Gerardo de Craftval:

Ellos colocan los Cuartos en la luna. Cuando empiece el fulgor de los cráteres de la tranquilidad se abrirá el pórtico por donde pasará todo Lo Que No Se Ve. Nuestros hijos trabajan con premura mientras un ejército de hermanos les facilita los pasos.

Aurelia suelta una lágrima acongojada por la tristeza de la espera.

Gerardo de Craftval:

Bésame Aurelia una vez, ahora dos, luego dos más y no pares de besarme de abrazarme de sentirme pues cuando menos lo esperemos nuestros hijos estarán aquí.

Una sonrisa se dibuja en la comisura de los labios de Aurelia.

Aurelia:

Lo sé con certeza vida mía.

Fundido a negro

Apolonio Guillian

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