Infectadas de juicios finales o Embarazos de goma

Los hipócritas se quedarán con la boca abierta cuando mis labios sean de fuego para besaros cuando mi espada dorada de lava enerve purificada el magma que ha de engendrar dentro vuestro retoños que asombrarán a los dioses malvados que escupieron la risa cuando salíais de cada coche profanadas. La noche abierta en horizontes de tacones y en las piedras de la gravilla los condones repletos de porquería maldita arrancada a la malignidad necesitada de profundidad femenina. Las manos lavadas con el metal que se paga pero sucio el espíritu reflejando vuestra cara cuando estáis arrodilladas ponzoña emergiendo de las gónadas: veneno que vivirá en la caja de Pandora. Pero vosotras habéis amado mas ahora muertas asesinadas con el bolso en la mano mientras los escorpiones rondan el asfalto. Cuando abandonadas la nada venga para devorar la materia yo os subiré en mi coche a todas: escaparemos a los valles allende allende donde los recuerdos sean bruma y los primeros amores amantes envueltos de ascendentes túnicas helicoidales con los hijos que se escondieron cuando el hambre os sacaba a la calle. He recorrido bulevares observando como os espía la noche y la oscuridad depreda las ropitas que os jalonan mientras mis ojos ávidos y mi pulso agitado preparan la caza: tú ella la otra ME DA IGUAL ¿por qué no castro a mi alma lo dejo correr y me voy a casa? Qué mas da! esa de ahí: que bonita es (todas son bonitas para Gabriel). He dejado ardientes espinas hirientes de mi corazón por los parkings vacíos en las carreteras solitarias y pisos desmantelados  en los derruidos clubes por los que he pasado esquirlas punzantes que me abrasarán mortalmente hasta que la última de vosotras me abrace sinceramente: una extraña niña nuestra corre hacia mí por una espeluznante calzada hacia mí hacia mí me golpea LA QUIERO una hija conjugada en el mutuo infierno de nuestros sexos no la abandonaré la quiero la quiero la quiero: hasta que la lontananza no revista bordando un camino rosáceo de nubes encarnecidas y fosforescentes estrellas enderezando la cuesta hacia el ocaso que empuja todas las mañanas caerá un nefasto telón mortuorio sobre mi cráneo pasto de las llamas que ya vienen furiosos monstruos seminales si esa chiquilla – ajena a la fantasmagoría que pronto va a reinar sobre la tierra – no empieza a elevarse.

El cliente número 13

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