Tu alma rota

Yo te hubiera amado hasta el fin de los tiempos en Eideen. Por encima de todo habría colocado tu cabellera coronando las cúspides del amor. Sin distancia y sin tiempo que dijera que estamos envejeciendo irremisiblemente perdiendo rubor. Más allá de la vida y la muerte nuestra voz remontando las alturas hasta el cenit de la más asombrosa creación. He sacrificado mi eternidad por ti mujer asesinando la poesía haciéndola sangrar con cada pulsación del núcleo motor. No me ames nunca no soy merecedor. Ya he vomitado mi corazón en el cubo de basura de la desazón. Sería tu dolor más amargo tu obsesión y tu angustia más lastimera. Tus esperanzas desgarraría como un fiero lobo la piel de una inocente ardilla. Convertiría tus lágrimas en sangre que gotearían chispeantes sobre el manto abrasador del vacío y la nada. Con la risa de un maléfico diablo te miraría a los ojos que se quebrarían en un penoso dolor inmaculado vertiendo tornos y espinas lacerantes y agudas. Rayando la vulgaridad del mal absurdo y banal desmoronada contra los picachos del fondo abisal. En fin. Convertidos en blancas calaveras polvorientas. El eco resonante de mis colmillos corcados hincados en tu astillado cráneo. Con la mirada vacía y la oscuridad por horizonte. En un día sin final.

Apolonio Guillian

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