Aprobar de raspado del átomo al ángel

Oscurece el azul pesado se cierne sobre las cabezas y los tejados dejando a la luna que sobre el asfalto helado capotea encima de las pelambreras que discurren entre las aceras de la ciudad sumida ahora a las sombras nocturnas que devoran todas las siluetas y nada más dejan que negrura en los ojos que transitan hacia la noche que suspira entre lápidas y losas marmóreas abriendo paso al rocío que disipa la hierba del cementerio en gotas donde se reflejan las memorias del pasado de personas que fueron y son ahora calaveras.

En la luz crepuscular del ocaso se deslizan pedazos de contornos que giran la testa sin ver que de ojo a ojo que mira en la distancia no hay mas que muescas de vacío entre las nadas de Hiperbórea que endurece su rostro no queriendo ver las desgracias que cabalgan a lomos de cada ser humano en debacles tintadas de opacidades rumbo el descalabre absoluto y la muerte total y dominante como un beso dulce y atroz.

Se repliegan las estatuas inertes contoneando las directrices del olvido mas están vivas observando en quietudes sigilosas los espantos torneados en lustros de desavenencias en la lucha de cada uno por la vida, y ven a lo lejos horizontes perlados de desesperanzas en los montones de cuerpos que se hacinan día tras día en la pirámide palpitante de las generaciones perdidas.

Y surge un clavero de sol tras la tormenta antes del alba matutina que desglosa los engranajes disipados de latitudes allende los pelos del cabello que se quedan en la almohada y los cadáveres que logran incorporarse en la fría madrugada no saben que tras las espaldas sólo quedan agujeros que no tapan a la mirada cuando ésta se alza insomne en el reverdecer de una alegría feroz que deambula extraviada inmaculada en los pozos del dolor en las tristezas del amianto y las piedras cuyas pupilas miran la marca de los zapatos y quien las viste caminar.

¡Atención atención! ¡Que la muerte tendrá el color de nuestros iris! ¡Que tendrá las profundidades de nuestro interior! ¡¿No es acaso más motivo para pintar el amanecer con lo que nos quede de proyección cristalina ocular tras el sueño?! ¿¡No es una buena noticia que el descanso venga servido con lo que volquemos al barranco de la defunción según lo recogido en el corazón?! ¡¿Oh muerte por qué te lustran tan negra?! ¡Oh dibujad un trazo rosa un suspiro un quemazón y el amor! ¡Oh muerte refléjate en las honduras y devuelve a cada uno el valor de lo que amó!

¡Y que al despertar de nuevo más allá de la ultratumba podamos ver el reino de etérea con cada color que le robamos a ésta y colorearla de nuevo como artistas tocados por la faz del más puro pintor con un nuevo lapislázuli creador bañado por las fuentes del cosmos y que la divinidad se encarne otra vez en el nuevo renacer ilustrando a esta existencia que va pasando con tintes amargos para darle el sabor adecuado completando los estados que pasaron desapercibidos renovando la firmeza del alma para reparar y recobrar todas las piedras y el jardín de Gea!

Gabriel

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