The last Leví

Los zombis surcan estratosferas no visibles entre las realidades en las que moran los mortales. Pero un muerto viviente es el resulto de muchos despertares. No huelen las iglesias a perfumes y música sino que la carne putrefacta se eleva al altar con el mismo bucle sinfonía que del revés trastornará las mentes en las ofrendas puestas al trono de un dios israelita y los restos del capitalismo desperdigado por las calles ensucian el espíritu santo que suspira mientras los viejos caminan entre la basura y los nietos contribuyen al descalabro ambiental. Cada vez hay menos comerciales de la iglesia que con sus gorrillas piden para costo que calme el alma (pedid y se os dará) indicando que si no fuera la debilidad de ellos no se hubiera construido tal descalabre de cruces y piedras. En la luz del norte donde apunta la veleta se ven cuerpos ascender colocados de obleas y vino dulce elevándose entre la mugre y la miseria prontos a caer y empalarse en las aristas de hierro porque han satisfecho las necesidades de la carne.

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