Bodas de polvo de estrella entre la calamidad y el desastre

Un día cogí la vara de laurel y la agité llena de amor hacia las estrellas y el sol al surgir se alegraba a sobremanera verme correr en una pretérita tierra y enamorados nos adentrábamos en las tinieblas de la vida. Las sombras se escurrían entre las noches oscuras en reflejos plateados que la negrura ávida tragaba en los deslices cuando las albas arrancaban los sudores exacerbados y la penumbra daba paso a la mañana. Al fin fue el recorrido entre mujeres lejanas besos caricias abrazos nada. Dan las campanas retumban los silencios en rebotes que atraviesan las sienes y como puedes duermes. Oigo a mi perro difunto trazar en torno a mí elipses que se abren en espacios cósmicos y preternaturales y expande los núcleos de nuestros corazones hacia universos indómitos que se pierden allende las galaxias y todo lo que vive en Eideen (menos los iguales) nos alaba… y al despertar con la corona con sangre manchada y mierda bañada el horror de la realidad el dolor que no mengua límite del silencio tocándote la espalda la nada y la muerte total llenado sus cuencas con tus pupilas tiembla se pudre el laurel se agita un temor en las entrañas y el último pensamiento tan solo una quimera… el postrer suspiro desintegrado en el viento y los dragoncitos de las pareces acercándose para saldar mi deuda con la tierra.

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