Hasta ver el rostro de los átomos del aire

No volveré los rostros se descomponen cuando me cruzo con ellos y paso de largo en las ciudades. He visto moldes primarios en la faz de los transeúntes remontarse a genealogías ascendentes donde se originó nuestra especie mas ésta se desintegra sin conocer sus propias interioridades y hay pocos ojos hermosos y el poeta terrorífico al que represento sí ve la mirada furiosa en las condenas y vacíos de la existencia el odio que emerge en absurdas calamidades de aquellos que no preparan su retorno y no aman las cosas ni las mujeres con los corazones palpitantes buscando la destrucción en un ideal de rebeldía que complete en la querida todos los niveles de guerrera para lanzarla a través de las estrellas preñada con millones de hermosos vástagos que tapen los agujeros que deja el universo para que el hombre pinte su más sagrado deseo. Me deslizo corro atravesando muchedumbres enajenadas con su propio reflejo espejo de las piedras a las que no ven sonreír y escapo marea adentro de mi silencio estridente entre gente maleducada y gritona que escabulle sus derechos eternos por el presente. Nadie quiere ver nada. Yo tampoco. No volveré. Estoy cansado. Para mí es suficiente que no digan que no lo advertí: no esperéis el amor de los dioses. Los que vean la faz de los átomos del aire vivirán.

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