A MiMeCa

Contigo cada día era una aventura una pequeña alegría que prendía luces en la lejanía del Ponto que magnetizaba mi Norte hacia la desventura más descarnada. En ti ardía una llama que provenía de un fuego oscuro que cristalizaba en gozos jubilosos quemando los matojos y abriendo paso entre las brechas del muro con que tropezábamos en la jornada que se abría hambrienta de devorar el resto que nos quedaba de nuestras sombras. Asomaban penumbras en los futuros espontáneos que combustionaban momentáneamente cuando nos uníamos entre risas que se han fugado al cajón de los olvidos pero brotes entre los cabellos y chispas encendidas quiso el destino después de tantos malos rollos en nuestros años contentos que fuéramos amigos para siempre sujetos a una fatalidad: cuando los secretos que no callan y chillan hiriendo corazón y sienes, cuando te acosen de nuevo los dolores del pasado tormentoso tengas aún mis brazos para rodear tu cuerpo… nos queremos sin querer altitudes esféricas y bajuras abisales yo sin embargo te abrazaría ahora mismo y aún amando a Lisa con locura no te soltaría para dejarte marchar luego por toda la Eternidad.

Gabriel

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