Filtro de un susurro

(Murmullo rosa). Es tan negra la muerte que cuesta otear que hay allende. Seguramente cuando la tengamos que cruzar con nuestras baratas convicciones para allegarnos al más allá las hostias caigan sobre nuestras cabezas sin saber de dónde vienen. Y en harapos roídos y  macilentos se deshagan nuestras esperanzas caducadas en sudarios sucios que se agarran a la piel desposeída de la hermosura trastocada en calavera. Y como un suspiro el alma vuele hacia la negrura horizontal del horizonte en la luz sin sol del mar que nada hacia la luna. Y las aspas de los molinos de la muerte girarán hacia las astas del trigo núbil para recogerlas en la cosecha de lo que tiene que vivir en el granero de la eternidad. Pero el aguacero de pecados e hipocresías varias que crecen en los derroteros de la vida manchando nuestros pasos dolosos sobre las losas del jardín de Gea, remontará las espinas empalustradas de desidias en conocer la verdad. Y habrá que ir con todo. En lo imposible del transvase de los cuerpos al espíritu que ha de regir las riendas estelares ya no se podrá echar atrás: dispuestos a desintegrarse o a pagar las faltas en los desvíos obnubilares y contornarse junto a los ángeles deformes o que la gracia sideral de Dios te eleve junto a tus pesares y ser a su Diestra, mientras los prójimos con sus fallos ajenos las pasen canutas para estar junto a ti y jugar al mus, o la brisca o pelar murmurando de los conciudadanos: mira a este o mira aquel, mientras la vírgenes te traen un té de ambrosía celeste.

Gabriel

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