El precio de Nietzsche

¿Cuántas vidas vale un poema de Gabriel? o El semen de Freud o Cantamañanas ejerciendo de genocidas o La inocencia sangrienta de mi tinta o Jugando a los clics de playmóvil o Me declaro culpable). Soy un asesino incapaz de ver la magnitud catastrófica de mi obra. Si tuviera una visión futura del desastre a que llevarán mis líneas las quemaría todas, me agarraría a una soga y me ahorcaría. Una bomba de magnitud nuclear campa escribiendo con una pluma que más que espada es un bazoka pronto a disparar calamidades peligrosas que van a perturbar a la humanidad con verdades impepinables y aforismos irrefutables. En los residuos de los libros se esconden certezas a raudales para inundar la floresta creativa de los pueblos y las ciudades. He matado a tantos que ni me acuerdo y lejos de querer redención por lo que he hecho exhibo mi conocimiento a precio de saldo y tan tirado que los derechos de autor están por el suelo. Siguiendo los derroteros de mis textos los locos abundan interpretando mal la aportación personal que hago de los contextos filosóficos que corren por mi época enferma de sistemas capaces de remozar con nuevas ideas. Y en el palco de honor de los grandes intelectos me postro como una maldición. Ataviado de esperanzas envío demonios en todas direcciones para trastornar con mi canción estridente y barrer todas las patrañas cruceras que invaden a mi trastocada especie. Dame una visión esplendente del acontecer oh mañana que impida que eche al fuego mis cuartillas y quiero ver la faz de mis suicidas leyendo lo que escribo ahora mismo. Y si son guerras lo que he de provocar que ardan en una hoguera los apotegmas que indicarán que lo que albergaba mi chaqueta era un monstruo que amaba la verdad y que sus semejantes que se matarán entendieron cualquier cosa menos que la mano que escribía era la de un amante. Y que arrojen al foso de las heces y los orines mi cadáver. No volveré. Ya he tenido bastante. Que el rojo amanecer juzgue los cuerpos que han de retornar para comprender en las galaxias distantes mis errores y que los corrijan aplicando su propio criterio pero ante todo que enarbolen mi nombre sobre una pira de huesos y cráneos de hombre.

Apolonio Guillian

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