Apagad los faros

(Parada en Eideen o Las chimeneas contaminadas del presente). Cuando en bravía tempestad la proa perdida boga a la deriva en mares sombríos navegando en una creciente oscuridad la luz de pocos alumbra el camino marino para retornar a puerto iluminando las sendas para pisar suelo firme de nuevo y poder emprender la fortuna para lanzarse agua adentro de nuevas aventuras enfilando la arboladura rumbo destinos tan álgidos como la eternidad. Apagad los faros. Que la tormenta de la vida drene los pesares en la quilla hundida que rutila en náufragas profundidades para que no reflote nunca jamás. Apagad los faros de una vez. Que los niños perdidos no hallen salvavidas y se precipiten borda abajo ahogándose en la intemperie tumultuosa del azur que desprende la humanidad. Apagad los faros, que molestan. Será mejor navegar rumbo a las nubes negras bajo órdenes de un demente capitán que dirige la estatua de madera quebrada hacia un remolino que pronto nos engullirá. Apagad los faros, que deslumbran. Matad los pájaros que buscan refugio en la cofa del silencio y dejad que mueran los anhelos de avistar tierra nueva. Cuando el nuevo amanecer surja iracundo sobre la popa escaldada no habrá mas que continuar de nuevo o seguir el curso macabro que el timonel dicta rumbo la más desvariada escala: apagad todos los faros, apagadlos por favor que la esperanza sólo sea humo pestilente pescada de los posos sanguinolentos de los que guían los derroteros por los que ha de transcurrir la muchedumbre cegada.

Gabriel

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