No vendrás conmigo

Llueve mis recuerdos se empañan de desolación los deseos ventisca adentro se estrellan contra nadas puntiagudas deshaciéndose en bocanadas de lamentos gimientes en el dolor de las noches del olvido que se ensañan atenazan y desgarran las luminosidades del alba en las corrientes que ya se abocan a los vertederos de la desmemoria gritando en silencios concupiscentes las mareas que tragan mis amores fieramente los besos de sangre los arañazos en las pieles, despierto angustiado Lisa está a mi lado y sé que ella no será menos: nuestros ideales de amor se conectan por túneles subterráneos hacia realidades impalpaples y nada realizables oh amargura que aprisionas nuestros cuerpos quiero desvanecerme ahora en la angustia insoportable mientras el rumor de la tormenta acecha mi cordura quiero dejarla ahí somnolienta entre las sábanas y salir corriendo y no verla siquiera en lo eterno sin que se de cuenta ni aperciba que mi amor pertenece al norte magnético, al remolino de los amantes solitarios cuya estrella ha de brillar en los páramos alejados y sin nombre lejos de todas las mujeres que he amado.

Gabriel

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