Ponche de Tequila, Speed y María (y porno)

Yendo hacia la última revelación dopado hasta las médulas el hipotálamo sudorando enervantes derrapes y chirridos en los neurotransmisores extasiados al paso de las sustancias nefandas libres a sus anchas. Dura poco el gusto horas masturbando los segundos agujereando submundos en las deformaciones del placer que atan los vórtices de Internet. Galopando a toda velocidad me he estrellado tantas veces que les han salido ojos a las paredes y anormales aullidos de viento helado entre los árboles me recuerdan el regreso a lo Primigenio mientras la oscuridad densa y pesada parchea mis dolores. Y las voces: no oigo nada: solo es mi demencia. He rozado el divino tul mientras esgarraba el maligno desgarro y allá voy en descenso pronto a tocar fondo y empezar de nuevo como un cero: eso sí, lo que dijeron las Estrellas en mi último suspiro de agonía antes de que oxidados alambres me pinzasen contra la cama: con tus secuelas.

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