Esta escoria que ves es tu hijo

Cuánta violencia en nuestra relación que friccionaba nuestros espíritus en las distancias subyacentes en la memoria de los trinos que piaban como segundos traspasados por adoquines que pesaban lo suyo. Nos tocábamos a miles de kilómetros nos rozábamos tanto amándonos como lastimándonos. En el alba matutino nos despertábamos buscando aquello que completaba nuestro sino. En la profundidad de la noche nos acariciaban iridiscentes átomos dando a entender que aún nos rondábamos. Pero sólo quedan los restos de ceniza de una relación que de materializarse hubiera imantado un sin fin de estrellas. Es duro lo idílico. Las constelaciones de lo fatuo nos cercan amenazan devorarnos crudos dejando para la desmemoria de los siglos lo que pasó en aquellos días en que nos vivimos. ¿Por qué sigues aquí? ¿No ves acaso que te desprecio? En las llantas de las promesas giran rayos que nos embargan aún, mas yo quiero que cese que amaine el sentir que nos tenemos para ser libres al fin. ¿Pero qué digo? Mis ojos se humedecen amargamente ¿qué tenemos que perder si no tenemos nada? Ámame amor mío y yo te corresponderé aunque sólo sepa de ti cuando mi pecho se acelera en ignotas distancias que aún estás por mí, Silvia.

GABRIEL

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s