Poema de la Ruta del Bakalao

(Esnifando los anhelos o Los restos de Atlantis o Oda a la Catedral de la Música o Trayecto Destroy o Neuronas en sesiones de olvido o Ya caerán o Qué bien lo vamos a pasar). Llueve. Las estalagmitas puntiagudas del odio se han formado en mi corazón desesperado. Ya no recuerdo aquello que me ponía por las nubes sino las cápsulas llamadas golondrinos y demás carnecería que te estiraban cosmos adentro de tu cabeza mientras la música estridente resonaba en los parkings de las discotecas. Las estalactitas se rompen en mi mente y se precipitan hacia pistas de baile huecas y vacías en lo baldío de mi cerebro que empuja tormenta adentro fatuas avenidas destruidas. En los cardomomos de las gradas varé mis pasos que bailaban estruendosas notas máquinas mientras los muros se derruían desprotegidos de las balanzas que sujetaban los alambres de las ideas en tendencias destructivas que aupaban lo síndromes de abstinencia ingiriendo más y más pastillas para que no bajase la torta y se mantuviera en los picos más álgidos de la castaña que penetraba en las sombras de los locales entre cuerpos espasmódicos que se creían inmortales y no eran sino funestos presagios elegidos de los engranajes de picar gente inocente. Entrando en trance la cara se deformaba en el desfase de las huellas que impregnaban nuestros espíritus post infantes. No medí las lágrimas que vendrían después cuando arrasado parte de mi intelecto caerían al suelo horadando las razones de por qué hacer aquello. Los años no han pasado en balde y donde había un bailarín ahora sólo queda un despojo lisiado que no puede colocar en lo alto los tremendos subidones que impedían precipitarse a hoscos abismos al ser que a jornada de hoy penosamente camina recordando con asco y melancolía aquellas noches eufóricas y macilentos días. Pero no todo fue detrito ya que las encebolladas subían exponencialmente en los lapsos de mis pensamientos en torrijas y peroladas que hacían divertidas las armonías en comunión con lo celeste a la par que lúgubres ángeles mortuorios nos roían las entrañas pinzando cada vértebra que nos contornaba convirtiéndonos en vástagos de una inmensa herejía profana en las desmedidas ingestas de porquerías. Hijo de la llamada movida del bakalao las rutas delimitan carreteras que me llevan de un local a otro descompuesto guardando en los calzoncillos la droga que un periodo más tarde se adulteraría devastando aún más si cabe a una inconsciente juventud que irá precipitándose en la edad marchita que el cráneo sujeta y sustenta las escapadas de imágenes rumbo a una insana locura que tomará forma en la síntesis acotada de que siempre son igual las melopeas fin de semana tras fin de semana. Podría escribir evangelios de aquellas fiestas sin retorno pero sólo se resumirían en una línea: el tiempo ha pasado y donde había coloque y alegría nada más quedan que ruinas. Trastornado por psiquiátricos he continuado la marcha imparable hacia mi completa debacle y tan sólo recalcar que de volver atrás no tomaría más mierda de la que tomé sino para elevarme entre las paredes muertas deshechas y ridículas de Chocolate.

APOLONIO

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