Empezad a mirar los árboles

Estremecido en el eje de las campanas un monstruo gira y gira descontrolado haciéndolas sonar estridentes a la par que sofoca los gritos que braman desde el campanario a todo en rededor ajeno al emotivo trinar que chilla y se desparrama dolorido por el oído que escucha a la musa absorta en el tilín tolón del repicar  del carillón que apuntala los sonidos viscerales que desbocan el sentir agitado de los mundos que redundan en un solo visto para sentencia en los indicios terrenales que agazapan en el tímpano el ruido que amartilla la inefable dicha cuando son doradas ¿qué presagios emanan decididas? El badajo pica y repica y desde el cenit empapado en fuego derrama las corduras que impolutas se manchan bajo el badajo que repunta una y otra vez hasta que todo se hace silencio: entonces entre el gentío alborozado emerge el clamor que se desgrana en la lejanía del tiempo y del espacio rumbo desconocidas sombras hechas de demonios y de andrajos.

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