Amar mata

Y Ella me coge de la mano en la distancia: y la aprieto desesperado en la quietud de tormento de mi mente que dice: nunca la dejes. Pero estiro los adalides de la discordia en coloridas avenidas ante el jolgorio de cuervos que bailan dementes los avatares del destino que aboca mi fatalidad a un agujero sin salida. Desamparado en un vértice del acantilado a punto de lanzarme hacia abajo, vago y sale un beso de sus labios que viene a estamparse en mi boca que suspira profundamente desiertos por su imagen. En el espejismo boreal cuando el otrora era esperanza nacarada de ventura en los lindares del destierro de mi lengua a ignotas cuencas las depresiones de su ausencia en el oasis de sus iris azulados por las aguas más limpias del Mediterráneo y los míos que la miraban anonadado, marchó dejándome una constelación de dudas en mi pecho que inspiraba las tristezas añorando cada rincón que ocultaba su falda con flores estampada. Y morí de nuevo ante el paredón que impedía unir entrelazando nuestros dedos para que pasearan agarrados de cabo a rabo de la playa.

APOLONIO GUILLIAN

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