Pinzas en la piel que arde

Estoy pagando las faltas que he acarreado toda mi existencia como neo catecúmeno del Diablo. Bailando de un palo mi osamenta maldice mi creencia de que Dios me ayudaría pero me ha dejado clavado a una travesera. En los mundos del abajo Vírgenes suicidas rebotaban contra mi cuerpo anestesiado por el dolor de las primaveras del martirio gritando el querer una escapadera para dar salida a todo esto. Y en la hojarasca repica la sangre salpicando las caras de las desgracias mientras músicas dementes escalan las cornisas de mal avenidas suertes. Y se súplica el tormento de la carne en el sacrificio distante que separa a los cielos del suelo y todo calla mientras las lágrimas como diamantes golpean los vacíos que quedan a la diestra del Padre que se explaya complacido de ver sufrir a sus hijos en la nada que en un momento estarán junto a sus faldas para observar en las alturas el transcurrir de los hermanos que les tachonaron a un madero entre las risas de dioses y pueblo. Pero las venganzas se inmaculan deseosas de encontrar el pleno ante el robo de la vida. Y se levantan los puños con ira de los corderos ante la planicie divina que sólo mira el devenir de la especie del hombre esperando que la perdonen los errores de matar los guías cruelmente en una masacre que tañe en lo celeste que no habrá misericordia para nadie.

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