El laúd de los ángeles

Oh Musa de incalculable potencia irrumpe en mi cabeza como rayo destructor y que retumben los truenos furiosos en mi corazón trastoca mi razón y que mi cordura siegue los destellos de mi visión y hazme ciego en la hora final ¡Que no vea a quién destruya! ¡Qué el salpique de su sangre en mi cara sea como agua sagrada! ¡Sus muertes sepan como el maná del cielo! ¡Qué sus lloros y lamentos sean música excelsa en mis oídos! ¡Y haz al fin bajo mis pies una pira de cadáveres su agonía su amargura caldo de cultivo en los eriales donde he de alojar el nuevo infierno de aquellos que jodieron a sus semejantes!

APOLONIO

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