Venden polvo marrón y blanco por las calles

Arrastrado con cinco pavos en la mano recorro las sendas laberínticas que llevan a los narcopisos por un poco de mantecado. Ensueño civilizaciones avanzadas donde la legalidad la calidad y el precio vayan cogidos de la mano sin por ello sentirse un ser marginal. Ahí al lado de las escuelas donde niños probeta son víctimas del desfase violento de un cúmulo de generaciones viciosas que se adentran en las líneas de la nariz y en las aristas angélicas de los pulmones he visto personas ingiriendo cualquier cosa cuando camino entre las losas pretendiendo hacer una canción de amor. Tomo el bacalao y veloz me deslizo por las escaleras abajo en busca de aire fresco. Oteo miro remiro no hay Policía Nacional, hombres del Paraíso Perdido, el camino está despejado subo al coche escampo el periko blanco podría haber sido peor y haber comprado polvo marrón, estiro arranco el coche y me voy, imprudente temerario, los niños aprenden cosas inútiles como el abecedario sin ser conscientes que colindando a su barrio se venden estupefacientes y su vocabulario se verá muy limitado. Suspiro, digamos al 70% este material, no está mal. Encarrilo la cuesta de la montaña que me lleva a casa y todo habrá pasado menos el deseo de desbarrancarme por los acantilados de la carretera: soy un cobarde.

APOLONIO GUILLIAN

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