María en Oporto

Oh María tus labios de miel pan de dulce sangre inmaculada que se deshace en mi boca tus cabellos trinados por mis manos y los besos sin existir el mañana. Mirémonos, sintamos los hijos del deseo volar de ojos a ojos la explosión de las entrañas que nuestros brazos atrapan y recorren los caminos eternos las formas preciadas que completan la soledad. No llores María que los niños se escampan y van a dar al sucio suelo como océanos que se apagarán hasta que la verdad indique flamígera los vástagos que serán crucificados ante la luz de las auroras el destello del sol de los desengaños los mártires y los que juntaran los pecados de la carne hasta completar el ocho anillo infinito todos nuestros hijitos coronando las cumbres cósmicas argollando el nuevo advenimiento que será mientras tú y yo nos besamos.

GABRIEL

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