La calavera roja

Mi deseo surca el amanecer naranja en busca de nuevos anhelos que se estrellan contra la nada bien formada de las mujeres amadas que no correspondieron las batallas de mis besos que agonizaban bajo el palio sangrante de la indiferencia en los vacíos de mi rechinar de dientes por sus médulas. Agarrado al palo de la mesana oteo la lontananza sangrienta en los huecos de mi alma asustada que valiente se adentra en la negrura de mis faltas dispuesta a acatar las condenas que se me impongan. Mis uñas rastrillando las blancas paredes y mi sexo pegado al techo suspirando ya la muerte que no viene cabalgando con los nombres de las mujeres por las cuales habría muerto y matado. Hace frío el rocío rasca mi piel la calavera roja ostenta mi bandera el cadáver demoníaco que dirige el timón hacia el remolino y mi voz que retumba en la bóveda del silencio el eco de los cabellos que no pude trinar con mi égida de poeta y el pesar que ya asume que lo va a tragar el mar con sus azures hacia la más inmensa profundidad… levanto los brazos y los ojos ¡todo es oscuridad! La arboladura empieza a crujir y yo he de aceptar que aquellos amores no serán míos jamás.

APOLONIO GUILLIAN

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