Asesinados por Amor

A Silvia

Conexión a través de laberínticos túneles subterráneos nuestros corazones repican contra el suelo buscándonos. Han pasado más de diez años desde las tormentas de átomos que circundaban nuestros rostros y las chispas que brotaban de interior a interior. Cuando mi pensamiento se desvía hacia ti harto de evadirte en las jornadas penumbrosas y entre el tedio de la tarde te hallo con los ojos tristes mirándome: sabes de mi desgracia que ya no soy aquel treintañero alegre que ni siquiera fumaba y al que trastornaste. Te imagino ataviada con tus vestidos de verano y los zapatitos de Campanilla y yo como un Peter Pan calado hasta las médulas oyendo en la distancia tu voz que restellaba en el aula la tensión del uno por el otro que me desbarajustaba. Lo dejé todo por ti: mi novia y mi cordura por amarte con locura allende las convenciones sociales cuando tú eras maestra de alemán y yo un simple camarero de pizzería playera que trabaja para pagarse la carrera y emprender una internacional aventura con una conocida beca. Han pasado eones de años luz nuestros corazones tocándose en largas distancias de infarto y en latitudes escarpadas y ahí te veo llorar (menos cuando te hago reír) en las salvas del mundo al nevar en nuestros pueblos y los caballos relinchar al ver espectros. Oh desesperanza martirio atroz esperar en las láminas de una quimera mi mano en tu semblante y besarnos arriba de la pirámide de basura que deja el hombre y volar allende de aquél otrora cuando nos hacíamos daño en las tangentes vertebradas de las espinas dorsales del universo golpeándonos el pecho fieramente… y aún perdura: envejecemos tú seguirás guapa todavía y esos hijos sin mi apellido te anclarán a los abismos del subsuelo de la tierra y yo escaparé lejos de ti hasta estrellarme contra la infranqueable pared. Y todo habrá terminado. Mi corazón se acelera, eres tú impidiendo que Idilia muera, porque sabes a ciencia cierta que aquello que sentía por ti mi más preciada substancia era verdadero y que mi alma se amarraba a los pies de tu fantasma, no llames más, me da igual ver tus lágrimas derramarse y caer al cieno y mandarnos besos que no llegan a ningún lugar.

GABRIEL

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