Corona de piedras preciosas

Corriendo a trompicones hacia la luz que se cierra lanzando todas las maravillas que ha hecho el hombre para que el Cero Universal las viera y juzgara si tenían que ser después de la tormenta de barro levanté mis libros para que tan sólo leyera unos versos salidos de mi alma y corazón de poeta mientras la música remontaba el horizonte que se guillotinaba en la lontananza astral mientras miradas leían mis parrafadas y me decían escandalizadas: “¿Has escrito tú eso?” Entonces lo negué dije que no que yo no lo había hecho y un rayo de lucidez embargó mi frente y arrojé todos mis textos al abismo que los engulló mientras caían a plomo y cuando tocaron fondo como sangre espesa se derramaron como ríos sobre el abismo inundando lo que había de salir después o no de Ahí Abajo… y las notas musicales de algunos hombres subían colándose por la brecha espacial y las Musas cantaron mucho más alto y el Cero sonreía brillante y satisfecho.

GABRIEL

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