El dedo tendido de Dios

En los arenales del desierto planté una expectación como una semilla que nunca crecería en olvidos de pálidas y blancas desmemorias corriendo veloz hacia el acantilado para lanzarme y que no contara un sólo día que quedara tras mis espaldas devastadas todas la flores pisadas convertido todo en cieno bajo mis pasos todos mis besos de ceniza sin esperanza de resurgir hacia arriba… Que ningún amor puje por llevar mi corazón a las Alturas ni mi mente entre la intelectualidad  más creadora he de correr rápidamente que nada me alcance mis ayeres sepultados enterrados en una fosa y al fin saltar sobre el abismo alumbrado por la luz de los siglos mi condena no recuerde el Acusador señalándome con el dedo mientras caigo a las honduras mi corazón criminal y mi mano cerrada menos el dedo medio encarado a los cielos riendo a carcajadas antes de que mi espalda quede atravesada en un puntal.

APOLONIO

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