El corsé de los perdedores

En los dorsos los anversos auscultaban quiromancias en las flaquezas vueltas del revés por diversas causas. En los largos caminos de la vida que llevaban a la muerte había paradojas que se aplastaban segundo tras segundo en un único deseo que era no vivir más. La dirección hacia el abismo es irrefutable como un axioma irrebatible que te mira a los ojos constante recordando tu defunción. Pero en las inmediateces momentáneas del instante a convenir los agrados decadentes e indecentes de una vida disoluta y enviciada desde que tomé conciencia mientras moría la inocencia para adentrarse en una juventud peligrosa. Y ahí me veo día tras día calzándome los calcetines para incorporarme y sin ganas de nada adentrarme en el Laberinto de Cristal del hombre con un muro infranqueable puesto en mi frente. He tirado tantas veces la toalla que mi sudor de hielo se congela como témpanos que cortan mi cara mientras mis uñas rascan la pared aunque parezca que nada va a ser y quede atrapado por siempre en el intento de abrir caminos nuevos colgando una soga en el techo y que mi cadáver silente indique que hasta aquí he llegado.

GUILLIAN

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