Nada quiere ser como nosotros

Oh Lucero el Alba trae misterios de lo que pobló antes que nosotros la Vía Láctea. En la siega de la lontananza el rocío baña los horizontes sin bandera ni patria en las desolaciones desérticas de los granos de arena de las mareas incesantes como cantos Preternaturales en una vida de eones en la fragilidad de la Naturaleza ahí donde en polvo se desmenuzan las piedras. En los altares de Eideen se inmaculan los seres que la tierra sacraliza y masacran los humanos. En los ponientes tramontanas giran al este buscando el Edén multicolor con todos los sabores… Pero ay! que severos Ángeles guardianes velan por arriba de sus cadáveres que nadie de nosotros entre el paraíso. Y la humanidad huérfana amparada por el metal acuñado cree que la libertad son billetes y no ven que el cuerpo es una jaula que roerá el gusano y que ningún espíritu escapa al éter después. Oh pesadillas traed la paz que el engaño del sol muestre la descomposición de la carne y cómo a nuestras almas se las engullirá la necrosis y la negrura.

AP

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