Sin renacer

Oh Gorrión me muestras la noche del Amor tenebrosa fría distante y gris, ¿no debería ser un baile de alegría que encendiera las velas del universo alumbrando cada punto cardinal del firmamento y soplar átomos de los corazones de los que se amaron? Los días se avecinan vacíos vacuos un triste bucle encerrado en una gavia acristalada sin poder escapar. Un tornado como una nada devastadora circunda mi cabeza lanzando bombas atómicas sobre mi cerebro deshecho que ahoga un grito que muere en un silencio confuso y turbulento en una infinitud infinitesimal de olvido que arrastra mis recuerdos mientras corro sin rememorar nada más que la muerte en este instante mientras escribo este manchurrón de sangre. Oh gorriones cómo os aman los dioses que no os falta de nada… uno de vosotros se ha despistado y confiado silba enamorado sobre una verja… hasta que una mano humana lo agarra y lo encierra en una jaula… Así es mi canto a las estrellas lejanas en esta noche de negrura oh Afrodita pides venganza por cada pájaro tuyo enrejado. ¿Por qué no bajas tú misma y les abres las rejas? Hay amantes que se pudren y se convierten en muertes andantes y las sendas se desvían hacía lóbregos vacíos estelares y los huesos palpitan ya sin vida. En las profundidades en entrañas abisales estirando los puntos polares se apagan los corazones y los gorriones encarcelados cantan… pero muchos no consumidos por la tristeza. ¿Por qué me hablas Afrodita? Mi trino es una estridencia demente.

GABRIEL

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