El rayo de Apolo

Tormento de pandereta suena en la gramola de mi perola y entre lúgubres y escarpadas cornisas se escapa para caer al abismo del día siguiente. Agudos pinchazones se deslizan por las paredes que recubren mis sienes y borbotes de quejidos me recriminan el cerebro y la mente. En cóncava bañera sin desagüe donde reposan los muertos he puesto anclajes en terroríficas dimensiones que no están a vuestro alcance. Y es posible la redención en los avisos a toda una vida de pecados. Un burrito corre alegre hacia su a dueño le quiere le ama éste agarra los aperos y los pone en el lomo de áquel. Toda una vida de merced un disparo en la cabeza para jubilarle cuando ya no pueda transportar nada. Va cara la hierba que me ha destrozado vulgar oveja a mí también me dispararon pero no morí, sólo enloquecí.

A. GUILLIAN

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