Enamorados sacrificados matad a los dioses

El amor del hombre es como una nube como niebla pronta a precipitarse a las profundidades del abismo cayendo a plomo sin poder asirse a nada sin que una divina mano salga de las alturas para agarrarlo y llevarlo con ella a las altitudes celestiales. Como burbujas de sangre los hombres y las mujeres se enamoran pensando que su amor conmoverá a los dioses y será para siempre. Pero el polvo impregna los pies y la mugre se incrusta en las uñas de los humanos que suspiran por el amor verdadero y se encuentran con lo que se encuentran. Una pareja se abraza y se besa sin saber que el verdadero poder reside en la distancia en la separación como dos estrellas apartadas que se quieren pese las latitudes estelares sin tocarse de punta a punta del universo para que de la misma longitud pasen las generaciones en las que vivieron antes de constelarse como estrellas. Es el precio que piden los dioses joder a los que más se aman para ver cuanta verdad hay en ese amor que no se dará en las bajuras y lo idílico sustenta los corazones unidos en un mismo corazón la añoranza por poder tocarse y poseerse dilatados los espacios en sombras y penumbras y se estiran para que todo quepa mientras se buscan en sueños tocarse arriba de la pirámide de basura que dejará el hombre como salvación de una especie que cree saber lo que es el amor y no tiene ni puta idea.

APOLONIO GUILLIAN

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