Desconocida buenorra

En el cenicero de los besos caducos al borde de la extinción el marcapasos contabiliza las centellas de ceniza que se encienden de ojos a ojos en simples miradas por la calle o en el metro por ejemplo. En la raíz cúbica de los metros cuadrados se circunvalaban los deseos que se enredaban en el aire y se besaban enamorados de la belleza fugaz de los semejantes amándose por segundos tan eternos como efímeros en un pase a los anhelos momentáneos de poseerse ahí mismo e imaginar la tierra desierta con tan sólo tú y ella follando como animales salvajes sin nadie que camine por la tierra. Desoladas las calles contra la pared penetrando con furia violenta en el acorde de los dos inseminando el voto lascivo de castidad para concebir familias enteras en un amor instantáneo veo en la jaca que pasa por delante de mí y me mira y yo la miro entrecruzando las pupilas hay fuego sostenemos la visión ella se desliza sintiéndose deseada han brotado chispas que ya se apagan.

APOLONIO GUILLIAN

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