La excelsitud mágica de la putrefacción

Quizá si los dioses no quisieran ocultar sus rostros tras las nubes estrelladas de estelas que mostraren sus ojos irradiantes de irrigación en la enseña de los caminos que deberían tomar los hombres al más allá todo sería todo más fácil. Pero sus ojos escondidos en praderas nudosas de cúmulo nimbos hacen tirar de fe mortal que quiere creer pero le faltan las claves que desentrañaren tan gran misterio. Como si de repente un gran despertar nos indicara la senda arriba para llegar a los astros nebulosos de constelaciones taciturnas y nos indicase la ruta que arribara a la majestad perenne de las hojas congeladas en moldes de hermosura evitando la podredumbre que pudre los años de lastre en la que vivimos los humanos aquí abajo. Y sólo queda esperar a que el rayo te toque el espinazo dorsal para levantar el ánimo y dejar atrás toda una vida de vicios que atrapan la bipolaridad de los sentidos. Tal vez algún día lo eterno nos trate bien. Mientras habrá que aguardar los dardos de veneno que se cernirán en torno a nuestro cuello. Y anhelando las mentiras nos podamos remontar a un estado insomne de ventura que permita evolucionar nuestro designio hacia cumbres esféricas en la potestad de nuestros destinos que señalen que hacia las estrellas está nuestro sino. Y morir descompuestos por la tierra devolviendo el origen al inicio junto a las hojas que se secan y nuestra alma progresando adecuadamente rumbo lo excelso.

GABRIEL

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