Óxido en las gotas del rocío

A medianoche brillaban en el jardín de los cadáveres vuestros corazones macilentos que doloridos suspiraban por mí: mas yo lleno de compasión acordando con lo que sentía por vosotras en los latidos del viento os telegrafié: olvidadme ya no hay nada que hacer la pureza murió sólo vicio rondo nada más que humedad y colocones de pago nada más que calcinar todo lo que pasó (y soñé) a vuestro lado. La brisa eleva mi aliento atravesando montañas lejanas allende horizontes de palabras. Hondonadas densas de nubes conforman mis jadeos que exhalan una muerte cruel y macabra. Arbóreos maremotos de lamentos brotan de mi mortecino pecho. Ahogado en el lodo del amor A tropezones por la vida Desviado de mis virtudes ya nada amaré hasta que me despeñe por el escabroso barranco de mi ocaso: empalado para siempre: y la lontananza sin nombres de mujer.

AP

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