La profecía del puente nº 13

Sumido en pesares macilentos que corren los agüeros que marcan como un mal presagio el número con el que estoy marcado. Mi séptima categoría en un mundo que en teoría es de primera demarca en mi pecho el símbolo que señala mi horizonte hacia oscuridades sin pronombre. Deliran las onomatopeyas en mis sueños como avanzadillas de algo nefasto que nos espera. Y habría esperanza en las partituras terrenas del ser ahora en el aquí abajo si las circunstancias fueran otras. Como una maldición amable y simpático me muestro ante las personas pero algo me corroe la dejadez intelectual de éstas que no se preocupan en cultivar la materia gris para que de ella salgan estrellas y planetas. A mí me da igual tan machacado como una cantera abandonada me deshago en esquirlas indicando a través de la literatura que como no llenen de luz sus interiores la negrura tomará contorno en un negro cerrazón con grises nubes de tormenta mientras el gusano o la ceniza devorarán lo que queda de ellos y el brillo de sus almas no bastará para alumbrarse las sendas. A medida que vayan muriendo y no quede otro camino que el del Abismo verán puentes que lo atraviesan: esta generación deberá dirigirse al 13 para ver si pueden cruzar por la cuerda que les dejo mugrienta sucia peligrosa y resbaladiza y si no pueden cruzarla que no llamen al Pontífice, porque ni irá ni hará caso, y que caigan.

GABRIEL

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