Los cántaros de la desdicha

Sonajeros y cascabeles acunan a los niños para que se duerman plácidamente entre ositos de peluche y muñecas. Los padres se afanan para que los niños tengan grandes infancias. Pero en el revuelo de la luna cuando gira el horizonte como una guadaña hacia la negrura que cubre todas las almas despiertan las conexiones que nos unen al Reino de las Ideas. Los caminos se abren y a medida que crecen se adentran en truculentas realidades que asoman orejas de lobo y las fauces prontos a devorarles. Algunos progresan otros merman. Quizá sean caducas las escrituras pero la cosmovisión bíblica de la historia de Israel en el “Libro de las lamentaciones” lo dice bien claro: Enseñad a vuestros hijos a agarrar la cruz desde bien temprano. Una pistola de juguete me apunta a la sien amenaza mi cordura leo un libro desfasado: no os caséis decía San Pablo y yo digo con mi novia la muerte vestida de rosa y yo de negro juntos tendremos las promesas de los Dioses (pese a mis blasfemias) tantos hijos como polvo la tierra o estrellas el cielo. En un sueño profético un jovenzuelo con una mochila sube por unas escaleras mecánicas mientras yo bajo: tengo que menguar, oh Dioses, vosotros y yo nos caemos mal, pero decidme cuándo, no puedo más… oh sí aún un poco… hijos de puta.

GABRIEL

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